Opinión

El funcionario de los tres desayunos

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El funcionario de los tres desayunos

Cuando terminó la carrera de Económicas sus padres le recomendaron preparar unas oposiciones para entrar en la Xunta, pero prefirió comenzar a trabajar por cuenta ajena en el primer despacho que le abrió la puerta. "Además de aprobar el examen, el primer requisito que necesita un funcionario es tener un estómago que resista tres desayunos y yo no lo cumplía", bromea años después sin arrepentirse de la decisión tomada, aunque creyó que se había equivocado cuando participó en la ruleta de los despidos durante los golpes más duros de la crisis económica de los primeros años de la década que apuramos. 

El 31,68 % de los preuniversitarios gallegos estaba dispuesto hace un año a castigar primero los codos y después el estómago para convertirse en funcionarios, según el cuarto Informe Young Business Talents elaborado por ESIC y Praxis MMT. Uno de cada cuatro jóvenes de todo el Estado también prefiere estudiar una oposición, confirma otro estudio realizado por Círculo de Formación. En el mercado laboral la seguridad resulta igual de atractiva que el riesgo empresarial. 

Y mucha peña estará hoy devorando el temario para conseguir una de las 3.654 plazas, 2.036 de nuevo acceso, de la histórica convocatoria para educación que ha aprobado la Xunta para el próximo año. 

Galicia cuenta en la actualidad con unos 190.000 empleados públicos y el 76% son fijos. El goteo opositor será continuo en año electoral, ya que también se han anunciado más de 1.500 plazas de acceso libre para la Administración Xeral. A alguno de los funcionarios con plaza en propiedad el desayuno de ayer no le habrá caído como siempre al saltar la noticia de que el Supremo admite que se baje el sueldo a los empleados públicos modificando el complemente de productividad cuando se demuestre de forma objetiva un descenso en el rendimiento.

La sentencia del Tribunal Supremo altera la regla no escrita que consiente a los jetas que calientan la silla en la Administración sin mover un papel dejar colgado al ciudadano en la ventanilla mientras el compañero cumplidor, que son la gran mayoría, tapa la ausencia multiplicando su productividad. La Administración se pondrá a dieta, como la caja del bar.