Nos suicidamos muy bien

Nos suicidamos muy bien

Conchi se dedica a limpiar allí donde la llaman. Su madre padece demencia senil severa y desde hace unos meses ella y sus hermanos decidieron internarla en una clínica privada creyendo que estaría mejor atendida. Entre los siete retoños pueden apoquinar los 1.300 euros que les cuesta la estancia, pero la semana pasada Conchi llegó sin avisar a visitarla y se la encontró a las 12 de la mañana atada a la cama. Desde entonces los hermanos se reparten para pasar cada día a una hora inesperada y los cuidados han mejorado notablemente. La vejez es puñetera, la soledad escalofriante, pero a veces no queda más remedio que ir apurando cada momento en compañía de un can que nunca te fallará.

En Galicia hay más de 121.500 personas mayores de 65 años que viven solas. Es una población que sería la tercera ciudad de este país si decidiesen residir en el mismo sitio. Unos por falta de posibles para costear una residencia, otros porque no quieren ser tratados como despojos, resulta comprensible que el personal prefiera seguir valiéndose por sí mismo mientras el esqueleto vaya tirando y la cabeza argumente en línea recta.

María Rosa Álvarez, decana del Colexio de Psicólogos de Galicia, reclamó ayer que la piscología sea incluida en la atención primaria. Avala su petición con datos, ya que el número de suicidios al año en Galicia no desciende de los 300 casos. En esta tierra continuamos suicidándonos muy bien. Los golpes de la crisis y una población envejecida ayudan a que no decrezcan unas cifras que revelan un fracaso como sociedad.

En Ourense funciona "muy bien y con muy buenos resultados", en palabras de Álvarez, un plan de prevención al suicidio, como demanda para toda la comunidad el Movento Galego da Saúde Mental, además de sugerir que en los medios de comunicación se comience a abordar un problema que no se trataba para evitar el efecto contagio. El vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, reconoció que es necesario avanzar en la ayuda psicológica, pero es apremiante que las buenas palabras se concreten en actuaciones. No puede ser que se ate a un anciano a la cama para evitar las molestias. Si la cabeza de la madre de Conchi estuviese en orden, quizá también hubiese preferido escapar.