Opinión

Una de animales

La vecina continúa paseando el gato por los espacios comunes. A todos le chirría la escena, sobre todo a los madrugadores que salen pitando al curro antes de la sacudida del primer café, pero en la reunión de la comunidad nadie se atrevió ni a maullar. Al menos no hay alérgicos al pelo de gato, pero el día que a otro vecino se le ocurra soltar al perro por el pasillo en vez de llevarlo al parque en los días de lluvia, habrá más que ladridos. Gatos, canes o cualquier otra “marca” de mascotas como hurones, tortugas, canarios, serpientes, camaleones, ratones, conejos  o cerdos vietnamitas pueden habitar al otro lado de la pared  y sus propietarios también podrían reclamar su espacio en el rellano.

En Galicia están censados más de 731.000 animales de compañía y ya no se discute que reconfortan a las personas que viven solas

La sociedad está en constante cambio y no queda más remedio que amoldarse a los tiempos. En Galicia están censados más de 731.000 animales de compañía y ya no se discute que reconfortan a las personas que viven solas. Otro asunto es la peña que se refiere al perro o al gato como su hijo, pero no hay suplemento vitamínico para combatir la tontería humana. Además, son los que engordan la caja registradora del floreciente negocio del cuidado de mascotas. El Concello de A Coruña, con casi 32.000 perros registrados, anunció ayer que habilitará siete zonas para que los canes que no son de raza peligrosa puedan ir sin correa desde las 20.00 horas a las 8.00 horas en horario de invierno y desde las 22.00 horas a las 8.00 en verano. Durante el período invernal también podrán ir sueltos en arenales urbanos como Berbiriana (Matadero), Orzán y Riazor.

El Concello coruñés atiende a la demanda de los propietarios de mascotas tras una recogida de firmas con una medida que no debería causar molestias porque nadie se va a dejar al perro en la playa. Antes de las elecciones municipales en la ciudad de León cerraron con alambrada varias zonas de los parques para que los perros correteen sin molestar ni riesgo de que se escapen. La medida fue celebrada pero con el paso del tiempo los pillos se coscaron de que podían aparcar al perro toda la noche liberándose del madrugón para sacarlo a levantar la pata. Hasta que los vecinos de uno de los barrios más poblados se cansaron de los ladridos nocturnos y reclamaron vigilancia policial para cacos y cacas. 

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