Opinión

Yolanda Díaz y la buena gente

Un periodista no debería caer en el compadreo con los protagonistas de los temas que aborda para mantener la objetividad a distancia. Conviene al menos intentarlo para evitar desengaños, pero la afinidad personal no entiende de oficios. Los políticos acostumbran a encajar la crítica o disimulan mejor que los que se dedican a otras ocupaciones de parecido foco mediático cuando reciben un palo, aunque sepan que es justificado. Incluso así, al oficio a veces se le va la tecla, o se nos va, y a sus señorías la pinza, sin pensar que detrás del cargo hay sentimientos y mucho curro.

Además de los aciertos durante la pandemia con los ERTE y la subida del salario mínimo, se trata de una mujer que siempre presta atención al interlocutor sin importarle la cuna

El resultado de las elecciones europeas, a esta altura de la semana bien sabaneadas por los analistas, no mueve a Pedro Sánchez de la Moncloa, tampoco a Núñez Feijóo de Génova, pero ha propiciado la renuncia de Yolanda Díaz como coordinadora general de Sumar. Seguirá como vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo. Varios marmiteros de la política gallega incidieron en que los proyectos en los que se enrola acaban en brasas, como pasó con AGE, En Marea y ahora Sumar tras restar a Podemos.

Especialmente duros han sido los diputados gallegos del PP como Miguel Tellado, pero en vez de percutir por esta vía el criterio sugiere escribir que Yolanda Díaz es una de las personas más cariñosas que se haya podido cruzar cualquier elector. Además de los aciertos durante la pandemia con los ERTE y la subida del salario mínimo, se trata de una mujer que siempre presta atención al interlocutor sin importarle la cuna. No es chalaneo ni hay amistad, sino lupa periodística. Consideración similar en este folio reciben la eurodiputada del BNG Ana Miranda, el socialista Gómez Besteiro o el popular Miguel Santalices. Parecer buena gente siempre suma.

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