“Medio vermut” con “Charlot”

Relatos en la lejanía

Publicado: 03 ago 2020 - 09:13 Actualizado: 04 ago 2020 - 09:32
_el_zapato_de_medio_vermut
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Quizás este título de mi relato desconcierte a alguno de mis lectores, que de pronto interpreten que yo tuve la fortuna de tomar un aperitivo con Charlie Chaplin (Charlot), inolvidable actor y director de “Candilejas” y de tantas otras películas, orgullo de la cinematografía universal. No. Su vida discurrió unos años antes de la mía y fue bastante mas trascendente.

Se trata de dos “personajillos” que conocí en mi juventud en la ciudad que llevo viviendo toda la vida. Y que, por pura coincidencia nominal, me incitan a describirlos. Voy a intentarlo.

“Medio vermut” era “una mujer de la vida”, como entonces se decía, o “de las cuatro letras” o también que practicaba “la profesión más antigua del mundo”, o simplemente prostituta o ramera. Sus propias compañeras le habían puesto, no sin falta de ingenio, el mote: “Medio vermut”, porque la tal, era muy bajita, tanto, que yo creo que no alcanzaba 1,20. Auténtica “liliputiense”. Era extremadamente descarada. Quizás ella lo ignorase dada su juventud, y que era el prototipo del ridículo. Embutida en una lanilla ceñida a su cuerpo diminuto, hacía resaltar de forma exagerada su cuerpo de mujer sobre unos zapatos de plataforma, que alcanzaban los 17 centímetros de altura de tacón, y un tupé o pantalla en su cabeza, artilugio con el que intentaba ganar altura y que producía efectos contrarios, incluido el del mal gusto.

Los niños corrían tras ella y la tomaban a chirigota. Se reían señalándola con mofa, e incluso recibía más de un empujón. Era un escarnio presenciarlo en plena calle. Me produjo pena y tristeza. No sé los años que ella podría tener en aquel momento, lo que sí se deducía es que no alcanzaba los 20 o 21 y entendía yo que la vida la estaba maltratando y que, de persistir en lo “andado”, el final no podría ser nada halagüeño.

Unos metros más adelante, dos o tres, solía aparecer “Charlot”, guardando la distancia. En la actualidad podría parecer premonitorio de los tiempos que hoy día vivimos de pandemia. En aquel caso era jugar al “despiste”, pero de nada servía porque la situación era sabida en todo el “barrio”. “Charlot” era su pareja, un personaje oscuro, simple, tosco, inexpresivo prestamista “de tres al cuarto”, de poca monta y patojo. De ahí supongo su sobrenombre de “Charlot”. Caminaba siempre delante.

Contaban algunas personas del “barrio” que había adquirido en traspaso un local para instalar en él un bar y poner al frente del negocio a “Medio vermut”. Todo iba realmente bien, los pintores remataban la decoración del local en colores muy fuertes, predominando como siempre la poca luz, lo que, al entrar, producía cierto recelo. Así pues, llegó el momento de poner remate a la decoración y, por tanto, de la obra. Al día siguiente pensaban ya en inaugurarlo cuando... ocurre algo inesperado con lo que no contaban: ¡la altura del mostrador era inalcanzable para “Medio vermut”! Originaba que ella, según los comentarios, se negaba a servir en el mismo, y como solución “Charlot” proponía que dada la premura del tiempo se subiese a un cajón. Parece ser que “Medio vermut” no lo aceptaba. La apertura tuvo que aplazarse y la relación quedó rota.

Alguna vez, pasado el tiempo, la vi entrando en grupo con alguna más en un edificio que hoy no existe en la calle del Paseo, justo en frente de las escaleras de acceso a la plaza de Paz Novoa. Allí tenía su consultorio el docto Guitian Fábregas, especialista en enfermedades venéreas, y que recibía visita periódica, entre otros enfermos, de personas vinculadas a la prostitución, la profesión que como queda dicho ejercía “Medio vermut”.

Lo cierto es que la prostitución en aquella época parecía estar bastante controlada y se sabía que estas personas eran asistidas en distintos centros. Unas, en el Instituto de Higiene, que existía en la avenida de Zamora, pasado el Jardín del Posío; otras, en el Hospital Provincial en la carretera de la Lonia, y otras, en la clínica del mencionado doctor, en la calle del Paseo.

Las personas que se cruzaban con ella, me estoy refiriendo a matrimonios y personas mayores, cuchicheaban y se cruzaban miradas de entendimiento.

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