Viajes con Tucídides
Las vidas paralelas de la historia y el periodismo
¿Cuándo nació el periodismo?
La mayoría de los especialistas sitúa su nacimiento en la Edad Media europea, con ciertas publicaciones periódicas de carácter más bien local. No sería hasta el siglo XIX que la profesión periodística se consolidaría tal y como la conocemos. Aquí se sostendrá, no obstante, que el periodismo nació casi al mismo tiempo que la historia, con el historiador griego Tucídides, en el siglo V a.c. Su labor, también en papel, sigue siendo fundamental para el trabajo de los historiadores.
Al principio debieron ser los dioses. Los primeros textos históricos de Mesopotamia, que atribuyen el destino de los hombres a su voluntad, guardan de la poesía vestigios de un sentido oracular y un estilo extrañamente diáfano. También por eso la historia se reescribe constantemente en Egipto. Las figuras del mito viven muchas vidas y muchas muertes; cuando pasamos su umbral, advertimos la incoherencia de los incompatibles.
No es fácil establecer el estatuto de las discontinuidades, fijar los puntos de anclaje de la historia. Del inabarcable acervo de hechos empíricos con el que el sacerdote se encuentra debe escoger, discriminar, discernir. Pero en toda civilización la importancia reside en la centralidad del poder. Platón lamenta en el Critias el olvido de una gran hazaña bélica de los atenienses; diecinueve siglos después, el renacentista Guicciardini echa en falta más pormenores cotidianos en los relatos de los griegos. ¿Qué es digno de recuerdo? ¿Por qué la Historia? Su utilidad debe estar escondida: las cosas pueden revelar su sentido a milenios de distancia. Así en el siglo XIX Jacob Burckhardt advirtió en Tucídides “hechos de primordial importancia que solo serán reconocidos en cien años”.
“Foi fundamental buscar nas hemerotecas. A prensa escrita é unha fonte inapreciable para todo tipo de historiadores”
Fuese por una suerte de evemerismo u otras formas de secularización de la Providencia, la historia humana se abrió paso. En el siglo III a.c., Manetón, sacerdote del templo de Heliópolis, escribió la primera historia de Egipto ordenada por dinastías, reuniendo información conservada en registros sacerdotales y tradiciones orales. Gracias a Tatiana Proskouriakov sabemos que las inscripciones jeroglíficas de los mayas plasman hechos históricos y se refieren a etapas concretas de la vida de los ajaws (señores). Los qipu del Perú inca utilizaban nudos en cuerdas para memorizar hechos pasados, y en el África occidental, las tribus se servían del ritmo de los tambores. Los letrados chinos siempre llevaron a cabo registros de eventos notables, escritos en anales y crónicas. Sima Qian, nacido en el 145 a.c., es el padre de su historia general, reunida en 130 libros.
Existe una famosa excepción: La India. Todas las formas de sabiduría de la antigüedad -en occidente: platonismo, aristotelismo, pirronismo, epicureísmo y estoicismo- aspiraban a distanciarse del dolor del mundo y huir de la nostalgia y la ansiedad habitando un presente eterno. Lo mismo sucedió en proporciones desmesuradas en la India, tierra de mística y ascesis, hogar de los gimnosofistas. Civilizaciones profundamente políticas, esto es, públicas, como la romana o la china, veían en la historia una fuente prodigiosa de saber e inmortalidad. De ahí que la mayor condena posible fuera la del olvido, como sucedió en la quema de libros ordenada por el primer emperador, Qin Shihuang -a petición de su consejero, Li Si-, o en el procedimiento relativamente habitual de la “damnatio memoriae” romana. La India nunca desarrolló una historiografía mínimamente fiable, preocupándose más por el significado intemporal, metafísico o moral de los acontecimientos. Hay una mirada que dota a la historia de un carácter cruel, irónico y azaroso. ¿Por qué Aristóteles veía más ciencia en la poesía -el mito- que en la historia? Tal vez por la misma razón por la que Salustio dejó escrito: “Estas cosas no ocurrieron jamás, pero son siempre”.
Tucídides, estratega ateniense, es el primer historiador del que podamos decir que narra hechos que le son contemporáneos
La palabra historia, del griego “historíe”, significa originalmente averiguación, investigación, y este fue el sentido que le quiso dar Herodoto cuando señaló que quería presentar el “resultado de sus averiguaciones” a través de sus libros de Historias, compuestos en torno al 430 a.c. Según el periodista de investigación Marcos García Rey, el periodismo sirve para sacar hechos ocultos de interés general a la luz pública. Esta es literalmente la fórmula del griego para la verdad, “aletheia”, “desocultamiento” -”lethe” significa olvido.
De los libros de Herodoto se acompañó en sus viajes el famoso periodista Rysard Kapuscinski, que debió entrever que la empresa del periodista y del historiador son afines. Aquí procederemos, no obstante, a lanzar una amable invectiva contra Kapuscinski. Y ello por un doble motivo: a) Si Kapuscinski debía emular a algún historiador, este era Tucídides; y b), a diferencia de lo que sentencia uno de sus textos más famosos, sí, el periodismo es un oficio para cínicos.
Tucídides, estratega ateniense, es el primer historiador del que podamos decir que narra hechos que le son contemporáneos
Kapuscinski tenía razón al observar las similitudes entre la tarea del periodista y la del historiador. Historiador o periodista no es quien sabe, es quien investiga. Peter Jay, antiguo redactor jefe del Times de Londres no estaría de acuerdo. Para él “el periodista nunca puede ser historiador” ya que su comprensión de los asuntos “siempre será contemporánea, incompleta, efímera”. Aquí procederemos, no obstante, como en todas las formas de conocimiento, por analogía.
Tucídides, estratega ateniense, es el primer historiador del que podamos decir que narra hechos que le son contemporáneos, a saber, la Guerra del Peloponeso. De hecho, se dio en la antigüedad una distinción entre “historiógrafo” del pasado (historiógraphos), como Heródoto, e “historiador” (xyngrapheús) de los eventos presentes, como Tucídides. De él también podemos decir que fue el primer periodista.
Rysard Kapuscinski - Edward Knapczyk
El periodismo y la historia tienen vidas paralelas. Las hemerotecas de los periódicos son una materia prima fundamental para los historiadores. Alex Varela, docente e historiador contemporáneo especializado en la historia, observa que “a historia e o periodismo teñen unha vinculación moi forte, porque ao final o periodismo conta a realidade do momento actual e a historia intenta reconstruir a realidade dos momentos pasados”. Varela realizó una investigación sobre la transición entre los años 73 y 82 en la comarca de Chantada. “Este traballo non se diferencia moito do que fai un periodista. Tiña que indagar nos arquivos existentes que están, polo xeral, bastante mal catalogados e moi pouco accesibles. Por outra parte foi fundamental buscar nas descoidadas hemerotecas dos diarios desa época. A prensa escrita é unha fonte inapreciable para todo tipo de historiadores”
¿Por qué es importante Tucídides? En primer lugar, porque lo que cuenta es verdad: se le considera inventor de la historiografía “científica”. Harto del mito, Tucídides desprecia los relatos históricos de sus predecesores, a quienes ni siquiera considera historiadores -el filósofo Bernard Williams también le atribuye la invención del tiempo objetivo-. Además, es el primer escritor griego que observa que la justicia solo es posible entre iguales en poder. Sus análisis prefiguran a Maquiavelo y Guicciardini, por lo que se le considera padre de la realpolitik.
Las hemerotecas de los periódicos son una materia prima fundamental para los historiadores
Tucídides afirma que no escribe para agradar a sus contemporáneos; lo hace para que las generaciones futuras dispongan de una posesión veraz para siempre, algo que les resulte útil. ¿No sucedía algo similar cuando el campo periodístico se constituyó en el siglo XIX, entre noticias sensacionalistas -que agradan a los contemporáneos- y análisis que aspiraban a la objetividad? La misma oposición encontramos en Tucídides entre mito -u opinión- y “saphos”, conocimiento firme.
Hay en él también cierta sinceridad cínica que asoma cuando considera, por ejemplo, que la mayoría de los hombres no buscan la verdad. En Tucídides se da, tal como entendió Homo Velamine, una prodigiosa mezcla de sabiduría y cinismo, de conocimiento y sospecha, como sucede con quienes “no pueden creer en nada porque lo saben todo” -pronto volveremos a este asunto-.
...no basta con la verdad, es necesario “ordenar con belleza los acontecimientos y exponerlos con claridad”
Pero hay algo más: Tucídides es un grandísimo escritor. Su fino estilo aprendido junto al sofista Gorgias fue ampliamente alabado en la antigüedad. Cicerón le atribuye en “Sobre el orador” una profundidad y concisión que “casi iguala el número de palabras con el de pensamientos”. “No escribas para que te alaben los contemporáneos, -dice Luciano de Samósata en “Cómo debe escribirse la historia”- escribe historia pensando en la utilidad, que solo se deduce de la verdad”. Lo hace pensando en Tucídides, su modelo, por lo que añade que no basta con la verdad, es necesario “ordenar con belleza los acontecimientos y exponerlos con claridad”. El ateniense sabía que no podía renunciar a la belleza.
Nada diferencia esto de los análisis contemporáneos del periodismo riguroso: todos defienden que hay que servirse del dato y del relato, de la objetividad y la exposición atractiva para poder reñir con las noticias falsas. La historia y el periodismo tienen vidas paralelas. Deben cuidar la verdad y la retórica. Esto se supo en la antigüedad y también se supo durante la Edad Media, que distinguía entre el arte de la verdad (aritmética, geometría, música y astronomía) y el de la elocuencia (gramática, dialéctica y retórica).
Pero, ¿por qué el periodismo debe ser un oficio para cínicos? Ciertamente la actitud cínica puede resultar extremadamente desagradable. No se trata de imitar tanto nuestra visión contemporánea del cinismo cuanto ciertos aspectos de la doctrina cínica de la antigüedad. Y, ¿qué es lo que puede aprender un periodista de los cínicos? ¿Habría que hacer como aquel cínico, Peregrino, de quien refiere Luciano que se hizo untar en mierda y azotar mientras se masturbaba para probar que las pasiones no le perturbaban? No. Pero cierto arrojo, cierta familiaridad con el mundo y falta de temor se le presuponían al cínico. En ellos la dignidad adquiere un perfil único. Ellos encarnaron una trabajada estética de la existencia que se puede sintetizar en el concepto de “parrhesía”. La “parrhesía”, virtud por excelencia del cínico, es el coraje de la verdad. Por su indocilidad reflexiva, por su resistencia a la servidumbre voluntaria, por su parrhesía, Sócrates murió tomando la cicuta. Este coraje exclama: “¡La verdad, la verdad a toda costa!”. Y ante los poderes del mundo y el amedrentamiento sentencia: “No”. Por su ejemplaridad, por esta virtud, periodistas de la talla de Anna Politkóvskaya o Daphne Caruana Galizia fueron asesinadas.
El periodismo, como la historia, como cualquier documento de cultura, debería fundar su dignidad, en realidad, en una única divisa: Hacernos mejores
“Donde crece el peligro crece también lo que salva”, dice Hölderlin sin el beneplácito de Laurent de Sutter, y “articular históricamente el pasado no significa ‘conocerlo tal y como ha sido’. Consiste, más bien, en apoderarse de un recuerdo tal y como relampaguea en el instante del peligro”, continúa Walter Benjamin.
El periodismo, hermano de la historia, requiere de una ética de la virtud, de la sindéresis y la justa medida. Allí donde “las Musas callan y la verdad vacila como una antorcha al viento” debe presentarse el periodista. Antes de una ética deontológica o consecuencialista, debe servirse de la ética de la virtud, de la parrhesía, y tratar de “escribir para el día como si lo hiciera para la eternidad; como si todo un siglo pudiera perdurar en la hoja de un diario”-así despedía Hugo Wittmann a su amigo, el periodista Ludwig Speidel, en invierno de 1906. Karl Kraus, que se rió de esta pretensión, también defendió “pegar la oreja a los rumores del día como si fueran los acordes de la eternidad”.
“Necesitamos la historia -dejó escrito Nietszche-, pero la necesitamos de forma distinta al ocioso malcriado en el jardín del saber”. Expuso así una antigua reflexión que Plutarco recoge en su vida de Pericles: “Tales son las obras y acciones virtuosas, que con solo que se refieran engendran cierto deseo y prontitud capaces de conducir a su imitación”.
Esto se podrá atribuir a delirios propios de un entusiasmo juvenil; aquí habla un cínico. El periodismo, como la historia, como cualquier documento de cultura, debería fundar su dignidad, en realidad, en una única divisa: Hacernos mejores.
Breve historia del papel: pasado, presente y futuro de un registro
El papel apareció por primera vez en China durante la dinastía Han, hace unos dos mil años. tradicionalmente se atribuye su invención a Cai Lun, inspector de los talleres imperiales, aunque probablemente surgiera algo antes.
Previamente y al igual que otras culturas los chinos debían inscribir su milenaria escritura en soportes más toscos. Así, empleaban para grabar sus difíciles caracteres huesos de buey o caparazones de tortuga. más tarde usaron tiras de bambú unidas mediante manojos sobre láminas de seda. Esto resultaba problemático, dado el peso del bambú y el alto coste de la seda.
Proceso de elaboración del papel
El papel surgió como soporte fácil que se podía producir a partir de restos de cáñamo, madera, corteza de árboles, trozos rotos de tejido o redes de pesca. todos estos materiales se ponían juntos en remojo y se trituraban, añadiendo agua y gomas vegetales para obtener una pulpa que se colocaba sobre una fina criba para obtener hojas de papel.
El invento llegaría primero a Corea y Japón; para, más tarde, a través de Persia, llegar a Europa. Johannes Gutenberg se encargó de darle su forma moderna con tipos móviles de plomo en el siglo XV
Durante la dinastía tang su fabricación se extendería y perfeccionaría. En el siglo iii llegó de China a Corea y Vietnam. más tarde se difundió entre los árabes que lo llevaron a España e italia en el siglo X, momento a partir del que se dio a conocer en el resto de Europa. La imprenta fue creada durante la dinastía song. En 1045 Bi sheng inventó la imprenta de tipos móviles. Wang Zhen se encargaría hacia el 1300 de fabricar más de 30.000 tipos móviles de madera y de crear un tratado sobre la imprenta, “imprimiendo con tipos móviles”.
El papel apareció por primera vez en China durante la dinastía Han
El invento llegaría primero a Corea y Japón; para, más tarde, a través de Persia, llegar a Europa. Johannes Gutenberg se encargó de darle su forma moderna con tipos móviles de plomo en el siglo XV. La situación actual, en la cual coexisten las versiones en papel y electrónica de libros y periódicos, recuerda a la de finales del siglo XV, cuando nacieron en Europa los primeros libros impresos. Entonces, el nuevo medio no desbancó al manuscrito, sino que ambos coexistieron e interactuaron, produciéndose un reparto del trabajo. todo parece indicar que el papel tiene todavía una larga vida por delante.
Los documentos ayudan a hacer y consolidar la verdad
El filósofo italiano Maurizio Ferraris, uno de los teóricos de la posverdad -entendida como el signo de una época-, ofreció en 2017 una teoría de lo que él denominó “mesoverdad”, una teoría que valora el medio tecnológico que conecta el conocimiento con la realidad.
Las hemerotecas de los periódicos forman parte de este increíble acervo de sustento social que constituye la reconstrucción del pasado
La tecnología son los documentos, referidos al pasado o al presente, un medio único de “hacer” la verdad relativa respecto a los instrumentos técnicos de verificación, como el lenguaje. Lo interesante de Ferraris es que sostiene que la verdad solo existe cuando se hace pública, sosteniendo la sociedad. Las hemerotecas de los periódicos forman parte de este increíble acervo de sustento social que constituye la reconstrucción del pasado.
El papel, refugio en la tormenta de la "bulosfera"
La Región