La Región

La expresión “todo queda atado y bien atado” fue pronunciada por Franco en su discurso navideño de 1969 para referirse a Juan Carlos I como su sucesor. La frase simbolizaba la continuidad del régimen.

El 20 de noviembre, se cumplen 50 años de la muerte de “Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Este entrecomillado corresponde a la leyenda que rodeaba su efigie en el anverso de las monedas de curso legal durante décadas.

Moneda de 5 pesetas de 1949, con el rostro de Franco y la cita “Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios”.

Franco ocupaba ese cargo desde el 1 de octubre de 1936, por acuerdo de los generales que se sublevaron contra la II República el 18 de julio anterior, y que provocó la cruenta Guerra Civil que terminó con la victoria franquista. No fue hasta 1947 cuando el Régimen estableció por ley que España era un reino y que la Jefatura del Estado podría ser ejercida por una persona designada por Franco. Esa designación se hizo esperar y, no sin vicisitudes, recayó en 1969 “a título de rey” en el infante Juan Carlos.

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El 28 de julio de 1969 Franco dejó resuelto su relevo en el poder con el juramento ante las Cortes franquistas de Juan Carlos, que se convirtió entonces en príncipe de España, que no de Asturias porque don Juan retuvo hasta 1977 los derechos dinásticos. “Consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la historia, y valorando con toda objetividad las condiciones que concurren en la persona del príncipe don Juan Carlos de Borbón, que dio claras muestras de lealtad a los principios e instituciones del régimen” y que “reúne las condiciones que determina el artículo 11 de la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado, he decidido proponerlo a la nación como mi sucesor”, anunció un emocionado Franco.

“Todo queda atado y bien atado”, dijo Franco meses después, en su discurso de Navidad de 1969. Pero se guardaba un último nudo: la separación de la jefatura del Estado y de la presidencia del Gobierno, que sus afectos vieron como una maniobra para perpetuar las esencias del régimen después de muerto.

En junio de 1973, Franco designó como jefe del Ejecutivo al almirante Carrero Blanco, lo que hacía pensar que se convertiría en el hombre fuerte del Estado a su muerte.

Carrero Blanco con Franco y su familia en el yate Azor en 1963.

Carrero Blanco con Franco y su familia en el yate Azor, en 1963.

Sin embargo, esas expectativas se vieron truncadas súbitamente, cuando Carrero fue asesinado el 20 de diciembre de ese mismo año en un atentado perpetrado por ETA en Madrid. Su desaparición tuvo numerosas implicaciones políticas, en un momento en que se hacía evidente la decadencia física del dictador. Los sectores más inmovilistas salieron reforzados, e influyeron para que Franco nombrase a Carlos Arias Navarro (“más franquista que Franco” en opinión extendida) como presidente del Gobierno.

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El asesinato de Carrero Blanco, también conocido por su nombre en clave «Operación Ogro», fue perpetrado por la banda terrorista ETA el 20 de diciembre de 1973, siendo este presidente del Gobierno de España.

Francisco Franco y Manuel Fraga, momentos antes de la grabación del discurso navideño de 1969

Francisco Franco y Manuel Fraga, momentos antes de la grabación del discurso navideño de 1969

Otra vuelta de tuerca llegó el 9 de julio de 1974: el dictador ingresó en un hospital para tratarse una flebitis. El príncipe asumió la jefatura del Estado de forma interina durante siete semanas, pero Franco decidió retomar el poder pese a su frágil salud, agravada por la enfermedad de Parkinson. El acto final comenzó en octubre de 1975. Tras sufrir un infarto el día 14 y recibir la extremaunción el 25, se intentaba encontrar una solución para la sucesión de poderes, hasta su fallecimiento el 20 de noviembre.

Juan Carlos los asumió de forma interina el 30 de octubre y juró como rey ante las Cortes Franquistas el 22 de noviembre.

“Alteza, solo le pido una cosa, mantenga la unidad del país”

En su libro “Reconciliación”, el hoy rey emérito relata la última conversación con el dictador en su lecho de muerte: “Me cogió de la mano y me dijo como en un último suspiro: alteza, solo le pido una cosa: mantenga la unidad del país”.

Francisco Franco murió en la cama. Una parte de la sociedad española, -de forma destacada la del exilio- recibió la noticia con alegría y esperanza de cambio. Otra guardó luto, como acreditan las colas en Madrid para pasar por la capilla ardiente. Muchos españoles lo que deseaban, por encima de todo, era superar la Guerra Civil y la dictadura, y que España se sumará en paz al resto de democracias europeas.

Portada de Arriba, 20 de noviembre de 1975

Portada de Arriba, 20 de noviembre de 1975

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Entre las personalidades que asistieron al funeral de Franco figuraron el dictador chileno, Augusto Pinochet, y también Imelda Marcos, esposa del presidente filipino, Ferdinand Marcos. El ferrolano recibió sepultura en la Basílica del Valle de los Caídos, donde sus restos reposaron hasta 2019, cuando fueron exhumados y trasladados al panteón de la familia en el cementerio de Mingorrubio, dentro de la zona de El Pardo.

Carlos Arias Navarro and Franco 1975, en el último año de vida del dictador.

Carlos Arias Navarro y Franco 1975, en el último año de vida del dictador.

Arias Navarro cesó apenas siete meses después de la muerte del dictador por exigencia de Juan Carlos I. El rey le sustituyó por un miembro del gabinete saliente, el entonces ministro-secretario general del movimiento, Adolfo Suárez.

Adolfo Suárez fue una figura clave en la Transición hacia la democracia.

Adolfo Suárez fue una figura clave en la Transición hacia la democracia.

Era el 3 de julio de 1976 y fue uno de los primeros hechos clave de la Transición y el germen de lo que luego desembocó el la Constitución y la llegada de la democracia.

Texto: Europa Press / Carmen Rivas Iglesias

Maquetación: Carmen Rivas Iglesias

Fotografía: Europa Press / La Región /Creative Commons

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