Alicia Estévez, 40 años en primera línea
ENTREVISTA
Lidera un equipo pionero en la investigación de enfermedades de los peces, desarrollando vacunas y tratamientos que evitan el uso de antibióticos
Doctora en Biología y licenciada en Farmacia, Alicia Estévez Toranzo (Pontevedra, 1955) fue pionera en el estudio de las patologías de los peces de acuicultura. Catedrática de Microbiología en la USC, dirige el grupo de investigación de patología en acuicultura, un área que se creó hace más de cuarenta años cuando regresó de Estados Unidos donde había estado investigando sobre la materia. Vicepresidenta de la Real Academia Galega de Ciencias, es también miembro de la Real Academia de Farmacia de Galicia y vocal del Consello da Cultura Galega.
Pregunta. ¿SIEMPRE QUISO ESTUDIAR BIOLOGÍA?
Respuesta. En realidad, a mí me gustaba mucho la pintura, incluso llegué a pensar en estudiar Bellas Artes. Pero de aquella no había facultad de Bellas Artes en Galicia, tenías que ir a Madrid. En mi casa, no es que se opusieran, pero me advertían de una vida muy bohemia. Tuve un profesor muy bueno de Biología en bachillerato, y eso hizo que empezase a gustarme y me decanté por esa carrera. Me fui a Santiago a estudiar Biología y cuando llevaba dos años, empecé también Farmacia. Luego hice el doctorado en Biología.
P. DE LAS DOS CARRERAS, ¿CON CUÁL SE SIENTE MÁS IDENTIFICADA?
R. Me siento más bióloga que farmacéutica, aunque, al final, ambas son ciencias muy complementarias y en el área que yo me muevo que es el de la salud animal, mucho más. En las charlas que doy en colegios, digo que me considero médico de los peces. Trabajamos igual que los médicos: diagnóstico, prevención, control y las técnicas para diagnósticos son las mismas que en salud humana.
P. ESTUVO EN ESTADOS UNIDOS Y A SU REGRESO EMPEZÓ A TRABAJAR EN ACUICULTURA. EN AQUEL MOMENTO ERA UN ÁREA TOTALMENTE NUEVA.
R. Estuve en las universidades de Mariland y Oregón y cuando regresé a España a principios de los ochenta, en 1982 poco se hacía en acuicultura. Pero en 1984 se aprobó en España el primer Plan Nacional de Acuicultura y conseguimos un proyecto muy fuerte, de muchos millones de pesetas, para investigar sobre enfermedades tanto bacterianas, como virales y parasitarias de peces en acuicultura. En 1984 empezaba el cultivo del rodaballo en España y nosotros constituimos el Grupo de Investigación de Patología en Acuicultura, el grupo GIPA, que sigue teniendo el mismo nombre cuarenta años después.
P. ¿CUÁNTAS PERSONAS TRABAJAN EN ESTE GRUPO?
R. Unas treinta personas, con nueve investigadores principales que fueron todos formados en este grupo, conmigo como coordinadora, aunque cada uno tiene sus propias líneas de investigación, dentro de ese denominador común que es el área de diagnóstico de enfermedades, prevención y control. Hay una parte que es el estudio de genes de virulencia en patógenos que, aunque es una investigación básica tiene mucha aplicación en el diseño de vacunas.
P. USTED TIENE PATENTADAS, CREO QUE NUEVE VACUNAS.
R. Sí, es cierto, y también métodos de diagnóstico. Y el calendario de vacunas, por ejemplo, en el rodaballo, también fue desarrollado por nosotros. El cultivo del rodaballo es el que se encuentra más estandarizado.
P. ¿EN QUÉ PECES TRABAJAN?
R. Rodaballo, dorada, lubina, cada vez menos en trucha, y ahora estamos más centrados en el lenguado.
P. IMAGINO QUE EL ÉXITO DE UN CULTIVO MARINO DEPENDE DE SU ÉXITO EN LA INVESTIGACIÓN DE SUS PATÓGENOS Y CÓMO CURARLOS.
R. Más que curar, es importante la prevención. Pero el éxito de la acuicultura depende de muchos factores. El tecnológico, el de la nutrición, y luego el de la salud. Hoy día es muy importante el bienestar animal y en buena medida el éxito depende de ello. Y, sobre todo, como decía, de la prevención, que evita el uso de antibióticos. En la actualidad, el uso de antibióticos es mínimo. Desde luego mucho menor que en la crianza de otros tipos de animales. En ese sentido, siempre que hablamos de España y de la Unión Europea, los estándares de calidad y de control sanitario son muy estrictos y el uso de antibióticos está muy controlado.
P. ¿CÓMO SE ENCUENTRA GALICIA CON RELACIÓN AL RESTO DEL MUNDO EN MATERIA DE ACUICULTURA?
R. Creo que estamos muy bien. Tenemos empresas muy potentes, que apuestan por la prevención y por la acuicultura sostenible.
P. TRAS MÁS DE 40 AÑOS DE INVESTIGACIÓN, ¿QUÉ QUEDA POR HACER?
R. Siempre quedan cosas por hacer. Cuando solventas unos problemas a nivel patológico surgen otros nuevos. Un aspecto importante es el desarrollo de nuevas vacunas, sobre todo en enfermedades donde las vacunas ya están funcionando, pero duran poco y hay que hacer vacunaciones de refuerzo. Se esta trabajando en la creación de nuevos adyuvantes para que duren más o incluso cambiar las formulaciones porque puede haber diferentes serotipos y tenemos que estar atentos a la evolución de los patógenos. Estamos con nuevas vacunas, recombinantes, utilizando proteínas solo y se está empezando con vacunas de RNA mensajero, sobre todo desde que fue la covid, para patógenos virales. Y otro aspecto muy importante es el cambio climático, que afecta al pez o al molusco, porque le crea estrés ya sea por el cambio de temperatura o de salinidad pero también al patógeno que puede expresar su virulencia de manera diferente.
P. SER MUJER E INVESTIGADORA NO ERA UN BINOMIO MUY HABITUAL CUANDO USTED COMENZÓ.
R. Yo ni me lo plantee. Era lo que quería hacer y no tuve la sensación de que existiese discriminación por género. Bien es cierto que era consciente de que sentía que tenía que demostrar mucho más de lo que necesitaba demostrar un hombre. Aun así fui catedrática con 36 años y de los cuatro candidatos que competíamos, tres eran hombres. Por suerte las cosas han cambiado mucho.
P. ¿SE HA ROTO ESA BARRERA DE GÉNERO EN LA UNIVERSIDAD?
R. Si echamos un vistazo al perfil del alumnado de las carreras de ciencias, salvo en las ingenierías hay más mujeres que hombres. Y en la investigación es normal ver, también más mujeres que hombres. Creo que se puede decir que no existe discriminación. Aunque sí es verdad que a medida que se avanza en la carrera investigadora, el número de mujeres en puestos de gestión y de dirección se va reduciendo. No porque haya discriminación, sino porque exista por su parte renuncias a aspirar a esos puestos. Supongo que uno de los motivos es poder afrontar la maternidad. Si bien hay más incentivos y facilidades para compatibilizarla con la investigación, hoy todo es muy competitivo y, lo dicen muchas mujeres que lo viven, es muy difícil tener la cabeza en cuestiones como pedir nuevos proyectos o publicar, en ese momento de tu vida. Yo ya era catedrática cuando fui madre. Entonces la maternidad hubiera sido un mayor lastre si no fuera porque yo ya tenía una posición estable en la universidad
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