Gonzalo Celorio, el nieto del emigrante asturiano que convirtió la memoria familiar en novela

PREMIO CERVANTES 2025

El escritor mexicano tiene sus raíces en Vibaño, una pequeña aldea asturiana desde la que su abuelo partió rumbo a México en el siglo XIX. Su obra es un viaje de regreso a esa memoria de los que se fueron para no volver.

Gonzalo Celorio(izquierda) durante una visita al Archivo de Indianos de Colombres
Gonzalo Celorio(izquierda) durante una visita al Archivo de Indianos de Colombres | Emilio Gracia Cea

En una humilde casa de piedra de Vibaño, una parroquia del concejo asturiano de Llanes, se comenzó a escribir una historia que, siglo y medio después, ha merecido el Premio Cervantes 2025. Desde esa aldea del oriente asturiano partió con apenas dieciséis años Emeterio Celorio, el abuelo de Gonzalo Celorio, rumbo a México, “con la misma idea de muchos de sus paisanos: hacer las Américas”.

Más de un siglo después, su nieto se ha convertido en una de las voces más universales de la literatura mexicana contemporánea. Su obra —que mezcla autobiografía, historia y reflexión lingüística— es también un acto de memoria hacia aquella diáspora asturiana que cruzó el Atlántico buscando un porvenir incierto.

En el arranque de su libro 'El metal y la escoria', Celorio narra la despedida del joven Emeterio con una crudeza que condens la tragedia del éxodo: “La mujer de gruesas carnes, olorosas a pesebre y a morcilla, le dio la bendición sin llantos ni palabras… Del padre tampoco recibió palabra alguna; sólo una caricia enérgica en la nuca”. En el resto de la obra, Celorio no solo reconstruye la historia de sus antepasados, también los conflictos posteriores entre sus descendientes por la herencia familiar.

En 2015, el escritor mexicano presentaba, precisamente en el Archivo de Indianos de Colombres 'El metal y la escoria', acompañado por el entonces cónsul honorario de México en España, Jesús Gutiérrez; el presidente del Patronato del Archivo de Indianos, José Luis García Delgado; y el escritor Ignacio Gracia Noriega.

Gonzalo Celorio, durante la presentación de uno de sus libros en el Instituto Cervantes
Gonzalo Celorio, durante la presentación de uno de sus libros en el Instituto Cervantes | Instituto Cervantes

Celorio, que comenzó a imaginar su obra en 1973, confesó que la escribió movido por una necesidad de identidad: “Siempre pensé que uno no sabe quién es si no sabe de dónde viene. Tras este libro tengo más claros mis orígenes y sé un poco más quién soy”. Durante la presentación, el autor dedicó un emotivo recuerdo a su hermano Benito, afectado por Alzheimer, de quien obtuvo gran parte de la información que nutre la historia familiar narrada en la novela.

El escritor ha reivindicado siempre la condición de bisnieto, nieto e hijo de emigrantes. En uno de sus ensayos 'Todos somos emigrantes. Todos somos mestizos', propone un doble viaje entre las dos orillas: “En México y en los demás países de habla hispana se debería promover un viaje a España… Sería una especie de peregrinación reparadora. Y del mismo modo, todos los españoles deberían venir a América para descubrir cuánto de ellos sigue vivo aquí”.

El Premio Cervantes 2025 que le ha concedio el Ministerio, le reconoce como un autor que ha hecho del idioma una patria común. Ensayista, narrador y académico, fue director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y autor de títulos como Amor propio, Tres lindas cubanas o Y retiemble en sus centros la Tierra.

Hoy, en Vibaño, ya nadie recuerda a Emeterio, aquel muchacho que un día partió para no volver, pero si su historia porque su nieto se ha encargado de escribirla para que nadie la olvidara.

Contenido patrocinado

stats