BÁDMINTON

El ourensano Miguel Barbado, el sparring de una tricampeona

El ourensano Miguel Barbado ha vivido codo con codo el camino hacia la cumbre de la andaluza Carolina Marín, la reina mundial del bádminton

El ourensano Miguel Barbado con Carolina Marín y un grupo de amigos.
El ourensano Miguel Barbado con Carolina Marín y un grupo de amigos.
El ourensano Miguel Barbado, el sparring de una tricampeona

Si detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, detrás de toda campeona, tricampeona más bien desde el pasado domingo, hay un gran sparring. El ourensano Miguel Barbado, 19 años, 14 practicando este deporte, lo ha sido de Carolina Marín, la pizpireta andaluza que le ha dado con la raqueta en los morros a toda una legión de asiáticas, las dominadoras mundiales del bádminton.

En el Centro de Alto Rendimiento de Madrid coincidieron Marín y Barbado los tres últimos años. Ahí, después de horas y horas de entrenamiento, "no menos de siete al día", puntualiza Miguel, forjaron una buena amistad. Que ahora se interrumpe porque el ourensano regresa a Galicia, a Pontevedra, donde seguirá su camino hacia la élite, su objetivo.

"Nos hemos hecho buenos amigos, hablamos casi todos los días. Le ha dado pena que me vuelva a Galicia, pero necesitaba cambiar de aires y volver con mi entrenador, con Rafa Vázquez. No es ningún paso atrás, es morriña, simplemente. Pero sí, me alegro muchísimo por ella, se lo merece", detalla.

Barbado conoció a Marín cuando la onubense ya era campeona del mundo. "Llegué el curso que desembocaba en los Juegos de Río. Ya era campeona de Europa y del mundo, le faltaba el oro olímpico. Lo consiguió, claro, como todo lo que se propone. Es la Nadal del bádminton, tiene una fuerza mental que no es normal, es admirable", relata.


Humilde, campechana...


¿Es tan accesible como se la ve desde fuera? "Lo es, muchísimo. Carolina es muy humilde, muy campechana, muy cercana. Trata a todos por igual. Mira que podía haber pasado de mí cuando llegué y nunca lo hizo, siempre está cerca de la gente que llega nueva, los ayuda. Llegas con toda tu timidez y ella es la primera que te mete en el grupo".

"Carolina es el mejor espejo posible para todos nosotros. No se rinde nunca, es constante en el trabajo. Ya puede ir muchos puntos abajo que siempre piensa que va a ganar. Es buenísima, la mejor", remarca el campeón gallego absoluto, tercero de España, subcampeón júnior, jugador de Athlos, que tiene claro que transita "por el camino correcto. Quiero ser profesional, disputar unos campeonatos del mundo y unos Juegos Olímpicos, vivir de este deporte. Ya sé que puedes hacerlo no más de diez años, o de cinco, pero es la meta que tengo. Pero teniendo claro que te tienes que formar también académicamente", subraya Miguel Barbado, hijo y nieto de jugadores de bádminton ("mi abuelo fue uno de los que trajo este deporte a Galicia"), subraya.

Carolina Marín ha puesto el bádminton en el mapa del deporte español. "Es imposible no ganar siendo como es, es buenísima físicamente pero sobre todo mentalmente. Es una luchadora", revela.


Desprecios que ya no hacen daño


¿Y qué tal anda de salud este deporte, será esto un boom pasajero? "Poco a poco va habiendo más gente que conoce el bádminton, antes no era extraño escuchar, 'ah sí, eso que se juega en la playa'. He llegado a escuchar, 'este año bádminton y el que viene igual nos meten petanca'. Ahora nos ven de otra manera, nos tienen más respeto".

Una última sentencia de Barbado: "Que un español, o un europeo, suba al podio en un campeonato del mundo de bádminton es algo así como que Senegal sea campeón de un Mundial de fútbol". Todo se andará, quizá. De momento, en Rusia, lo ha sido Francia.