AMBIENTE DE DERBI

Un baile en O Couto con "orquesta"

La afición originó cánticos contra jugadores rivales, en una fiesta en la que se sacó algo claro: Ourense quiere fútbol

 

Imagen de la grada de Tribuna de O Couto completamante llena.
Imagen de la grada de Tribuna de O Couto completamante llena.
Un baile en O Couto con "orquesta"

Menú de sábado. Pasta y derbi. Sales de casa hondeando la ilusión, vestido para la ocasión. Con el nerviosismo de una rivalidad nacida desde la deportividad, más sentida en la grada, que sobre el césped. Tu padre te avisa de la meteorología: "¡Lleva paraguas!". Valiente, obvias la recomendación y alimentas el frío con cualquier bebida caliente o que calienta.

Da igual, el resultado es el mismo. Te imaginas cómo será el partido y haces apuestas sobre quién marcará. Te arrimas a los bares de los aledaños de O Couto, te cobijan del frío y te sientes protegido. Pides la repetición de una consumición, mientras dibujas el VAR con las manos. El color rojo monopolizaba las aceras y la palabra Ourense simbolizaba que la fiesta estaba a punto de empezar. 

UD Ourense - Ourense CFSe escucha el himno de una entidad que está enterrada y defenestrada. No así un sentimiento que revitaliza las tardes de fútbol como la de este sábado. Recibimiento cálido para unos y con ásperos comentarios para otros. Eso sí, para la familia de Fran Justo un sepulcral y respetuoso minuto de silencio. Un pésame deportivo, por el fallecimiento de su tío. Desde la grada está claro quién gana, pero en el campo se empeñan en equilibrar las ganas y las fuerzas. 

Te sientas y notas el frío a pesar de que la inquietud quiere que entres en calor, pero es imposible. La bebida de antes se convierte en vaho y las manos se calientan al ritmo de los aplausos. Las gargantas con improperios, que siempre salen más fácil.

Recibo un whats app, desde Alemania. "No hay quién la baje". Me paro a pensar y cuento los pases. Desde arriba, todo resulta más fácil. Las décimas de segundo sobre el césped, parecen momentos interminables fuera de él. Protestas y aplaudes con la misma condescendencia al rival. 

El marcador deslumbra y da paso al segundo asalto en una nocturna tarde de febrero. Pasan los minutos y deseas que acabe el partido, porque "estos firman o empate". Delante se aposenta un aficionado con un bastón y una bufanda al cuello.

Hace falta más gente así. Más excitados en el fútbol. Más devotos pasionales

Le molesta absolutamente todo. No escatima en esfuerzos para arremeter contra los fallos propios y desestabilizar a los contrarios que se aproximan a la grada de tribuna. Marquitos falla un pase y mientras los demás animan, él se lleva la mano derecha a su cabeza. Lamenta y explica a su vecino de butaca que el míster tiene que cambiarlo. Pedro García se convierte en "Pedro Picapiedra", Diego García "en un chollo" al que seguro animarán en un breve plazo de tiempo desde la misma grada. Y al final, después de contagiar tantos virus, de jalear ante las oportunidades perdidas, se levanta con el gol del criticado Marquitos. "¡Qué bueno eres, chaval!". 

Las viejas costumbres se aclimatan al presente escupiendo el estrés. Nadie se acordará de la turra. Marquitos eclipsó la negatividad de un tahúr que se ha ganado un fan. Porque hace falta más gente así. Más excitados en el fútbol. Más devotos pasionales.