CUENTA DE RESULTADOS

Portugal está haciendo bien las cosas

Está exportando, porque se ha vuelto un país competitivo, y recibe cada  vez más turismo, pero mira lo justo para Galicia, que tiene la cooperación con el país vecino fuera de la agenda política.

Interior del aeropuerto de Oporto.
Interior del aeropuerto de Oporto.
Portugal está haciendo bien las cosas

En el primer encuentro entre España y Portugal del Foro Económico de Galicia, su gran protagonista, Manuel Caldeira Cabral, ministro portugués de Economía en un gobierno de izquierdas, sorprendió a todos cuando dijo en el parador de Baiona que su país producía un tercio de lo que vende el gigante gallego Inditex. La retórica de ese tipo de encuentros daba así paso a un debate que no dejó a nadie indiferente y que ahora que se prepara el segundo encuentro, le brinda a la coruñesa Nadia Calviño la oportunidad de darle la réplica como ministra española de Economía, también socialista.

Los portugueses lo pasaron muy mal con el rescate de su economía, ante la incapacidad de hacer frente a sus compromisos financieros, y vivieron años de estrecheces, pero inmersos en su angustia se han musculado para salir de la crisis con competitividad suficiente para exportar a raudales y tirar del turismo a un ritmo desconocido.

Este empuje de Portugal y el dato del ministro Caldeira sobre la influencia portuguesa en Inditex, avalado por la presencia constante de fabricantes portugueses de visita de negocios en A Coruña, podría hacer pensar en un gran momento de las relaciones entre Galicia y el Norte de Portugal, pero no es así. La cooperación política está fuera de la agenda política y los grandes empresarios portugueses miran poco a Galicia. Acaban antes exportando a Asia que enredándose con las legislaciones autonómicas de España, un país que les resulta complicado de entender. “Solo las pequeñas empresas portuguesas se ocupan del mercado gallego, las grandes están en otros mercados y cuando miran a Galicia es porque están mirando a España”, resume el profesor Francisco Carballo Cruz, del Departamento de Economía de la Universidade do Minho, consultado al respecto por La Región. Portugal es un país jacobino, con muchos profesionales que hablan inglés, cada vez más presente en el exterior. Su mercado es pequeño y si quiere crecer debe saber exportar. Hay una ministra de la que cuentan que ya vive más tiempo en China que en Portugal. No solo ella vende la marca Portugal. En cualquier ayuntamiento del país hay gente preparada para atender a cualquier empresario que quiera invertir allí. Todo son facilidades y la inversión extranjera sigue llegando; también desde Galicia, que sufre deslocalizaciones de algunas industrias, especialmente del sur de la provincia de Pontevedra.

Los portugueses ganan menos que los gallegos –también deben gastar menos, porque sus servicios son mucho más baratos– pero hay muchos aspectos en los que empiezan a dar lecciones. La más evidente es su aprovechamiento de sus grandes infraestructuras, como el puerto y el aeropuerto de Oporto. Todo lo contrario que en Galicia, donde el puerto exterior de A Coruña está muriendo de risa, el de Vigo sufre altibajos y los tres aeropuertos de Galicia están cada vez más lejos del de Oporto. Basta la presencia de la aerolínea irlandesa Ryanair para marcar la diferencia, con numerosas conexiones internacionales que contribuyeron a levantar el turismo.

En Galicia falta estrategia de país, parece evidente. No es problema de infraestructuras, sino de gestión y aprovechamiento de las mismas. Tanto es así que el peso relativo del valor de las infraestructuras de Galicia en España es casi tres puntos superior al valor del PIB en el conjunto del Estado.