CUENTA DE RESULTADOS

Tiempo de transición energética e industrial

Unos 1.500 empleos de calidad están en el aire en Galicia debido a los cierres programados en Alcoa y en dos centrales térmicas. A la vez se abre una oportunidad para el medio ambiente y otro tipo de actividades.

Protesta contra el cierre de Alcoa en la plaza coruñesa de María Pita.
Protesta contra el cierre de Alcoa en la plaza coruñesa de María Pita.
Tiempo de transición energética e industrial

Además de la amenaza de cierre en Alcoa, Galicia tiene en la provincia de A Coruña dos centrales térmicas con fecha de caducidad, según las previsiones del Gobierno de Pedro Sánchez. La central de Meirama, en Cerceda, será una de las nueve térmicas españolas que deberán cerrar en junio de 2020, y la de As Pontes, una de las cinco centrales con cierres programados para 2030.

En materia de contaminación, son noticias positivas. En materia de empleo y de valor añadido, depende de cómo se gestionen sus transiciones. No será fácil sustituir tantos empleos de calidad ni alcanzar sus niveles salariales. Por eso se encienden las alarmas.

Ninguno de estos cierres industriales constituye una sorpresa, por lo que hubo –y hay– margen suficiente para buscar alternativas. El criterio podría ser aplicado incluso a más empresas, ya que si bien Galicia no es una gran potencia industrial tiene instalaciones altamente contaminantes. A las térmicas se suman la refinería de Repsol, también en A Coruña, o el complejo de Ence en Pontevedra. Si no se reducen las emisiones, los cierres se irán sucediendo.

No es, por tanto, una sorpresa para nadie que las industrias contaminantes irán desapareciendo de manera paulatina y que había –y hay– que buscar otras alternativas. Aferrarse al pasado solo conducirá a la frustración y a la melancolía. Otra cosa es seguir luchando por mantener en pie industrias como Citröen –ojo a las últimas declaraciones de su consejera delegada– o Inditex, que son las que levantan la economía de las dos grandes provincias gallegas y cuyo radio de acción también alcanza a Lugo y Ourense.

Inditex es un caso evidente de cómo se puede levantar un gigante empresarial desde Galicia, sobre el papel un país periférico. En cambio, ya cuesta más encontrar ejemplos de éxito de cómo paliar las crisis industriales en Galicia. Ferrol, sin ir más lejos, no supo rellenar el vacío de la pérdida de buena parte de su sector naval, y desde el origen de su gran crisis no ha parado de perder población. Por el contrario, Vigo ha sufrido crisis pero ha sabido diversificarse y encontrar alternativas. Tal vez su debilidad, igual que sucede en A Coruña, es su excesiva dependencia de una sola empresa.

Este tipo de situaciones se dan en todas partes; lo que cambia es la manera de afrontarlas. Allí donde hay una estrategia eficiente –léase Bilbao– suelen encontrarse soluciones, mientras que allí donde la melancolía se impone a la estrategia de futuro las cosas suelen ir mal. Camino de ninguna parte.

Si alguna ciudad española sufrió una gran crisis, en diversos frentes y de manera simultánea, fue Bilbao. Sin embargo, mediante una acción concertada público-privada, con la participación de todas las administraciones en un gran consorcio metropolitano, supo no solo recuperarse sino mejorar su posición. Bilbao es hoy una ciudad europea de primer orden, con una economía saneada y diversificada, y un importante desarrollo cultural. Tampoco pasan inadvertidas otras experiencias urbanas como las de Málaga, Zaragoza, Barcelona, Valencia y, por supuesto, Madrid.

En todos esos casos, más que hablar de proyectos autonómicos es menester hacerlo en clave metropolitana. Los liderazgos suelen darse en las instituciones locales pero también en los estamentos económicos y sociales. Ourense –la ourensanía– tiene en ese contexto un importante rol por delante.

@J_L_Gomez