EL INVERSOR INTELIGENTE

Cómo aproximarse al mercado

Una aproximación posible

Cómo aproximarse al mercado

Una duda habitual una vez se ha tomado la decisión de participar en el mercado de valores es cuál es el mejor modo de proceder: decidir qué cantidad invertir, y una vez determinado, invertir el total en una única ocasión o bien realizarla de manera fraccionada y extendida en el tiempo. Una aproximación posible es la siguiente:

El primer paso sería cuantificar y determinar la asignación deseada a largo plazo.

Para decidir esta cantidad debemos tener en cuenta por un lado que la revalorización que podemos esperar es del entorno del 6% a largo plazo, teniendo en cuenta que la bolsa a largo plazo recoge el crecimiento del PIB, el cual podemos suponer del entorno del 3-4% más la inflación (2%), y por otro la volatilidad que de un modo personal somos capaces de asumir, sabiendo que es inevitable que durante el periodo que dure nuestra inversión se producirán disminuciones temporales más o menos severas de nuestro principal, pero con la seguridad de que a largo plazo se recuperará. Así, para una persona poseedora de la suficiente templanza y autodisciplina, con un horizonte temporal de inversión de más de 5-10 años, puede ser adecuado tener en 100% de su capital en acciones, mientras que para una persona intolerante a la volatilidad con un horizonte temporal reducido, el patrimonio a destinar a renta variable deberá disminuirse considerablemente.

El segundo paso respondería al cuánto y el cuándo habría de preocuparnos el corto plazo.

Desafortunadamente, hay muchas evidencias que nos advierten que es muy difícil pronosticar rendimientos de capital a corto plazo. Si bien es cierto que cuando las acciones son baratas, medidas por cualquiera de los múltiplos de valoración comunes, sus retornos en períodos posteriores son más altos que cuando son caros por esas mismas medidas. Además, esperar por una corrección en el mercado, como hemos visto en otras ocasiones, puede ser infructuoso y tener un elevado coste de oportunidad. Por ende, tanto si ya ha invertido como si está esperando el momento adecuado, la preocupación por el corto plazo es superflua, además de perjudicial. 
 

El tercer paso marcaría la opción de promediar o no promediar.

Una vez definida la cantidad asignada a la inversión, debemos decidir si la invertimos de una sola vez o mediante un programa de compra fraccionado. Si bien financieramente puede tener cierto coste de oportunidad la ejecución de un programa fraccionado, proporciona un beneficio psíquico para la mayoría de los inversores, al tener la oportunidad de considerar las bajadas en caso de producirse como momentos adecuado para seguir colocando las fracciones de la cantidades asignadas y no como una pérdida de valor de nuestro principal en el caso de no haber seguido dicho programa, y si se produce una revalorización de las fracciones anteriormente asignadas, lo veremos como una motivación extra para añadir las siguientes. Si los mercados suben durante el período en el que estamos promediando, entonces podemos estar contentos de que algunos de nuestros ahorros se invirtieron al principio, y si los mercados bajan, entonces podemos sentirnos consolados de no invertir el importe total justo al principio.

De esta forma, a modo de conclusión, podemos resumir que una vez que haya decidido su asignación de objetivos a las acciones, el siguiente paso es decidir cómo llegar a ese objetivo. La elección de un plan es en última instancia una cuestión de preferencia personal, sabiendo que cualquiera es bueno si consigue colocarnos en el mercado a largo plazo y con un nivel de ansiedad adecuado a nuestra personalidad.