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España no es país para familias con hijos

Recientemente, el grupo GEN (Governance and Economic research Network) de investigación de la Universidad de Vigo, presentó un completo estudio en el que tuve la oportunidad de colaborar con Santiago Lago y Lucia Ferreira, donde analizamos la situación de las políticas de familia en España desde una óptica comparada.

España no es país para familias con hijos

Este trabajo, de acceso libre, se puede descargar a través del siguiente enlace: http://infogen.webs.uvigo.es/genplusreports.php

Como es más que evidente, me tomado la libertad de adaptar el título de la conocida película  de los hermanos Cohen “No country for old men” para señalar de forma sucinta lo que hemos podido comprobar en este informe. España, no es un país para familias con hijos. No lo es porque resulta complicado entender que por una parte se anuncie con “bombo y platillo” el apoyo público a las familias, pero cuando uno analiza nuestros datos, la realidad es muy distinta. Nuestra posición internacional, tanto si nos comparamos con la Unión Europea (UE) como con la OCDE, es claramente mejorable. Como señala tan acertadamente el refranero español “hechos son razones y no buenas intenciones”.

Nuestro país tiene un gravísimo problema de natalidad y conciliación de la vida familiar y la actividad laboral, que no se ha querido solucionar. La estructura de las familias ha cambiado, la población cada vez vive más tiempo y nuestras bajas tasas de natalidad no permiten mantener el equilibrio intergeneracional que teníamos hace poco más de dos décadas. Nuestro envejecimiento poblacional está generando múltiples problemas, que no parecen que se les esté prestando la debida atención. Se reduce la población activa, se acentúa la insostenibilidad del sistema público de pensiones y peligra la financiación de la sanidad y de los servicios sociales.

Observando la realidad española y, sobre todo, la gallega, se constata como a los hogares les resulta cada vez más complicado compaginar trabajo con atención a la familia, se retrasa el nacimiento de los hijos y se amplía la diferencia entre el número de hijos deseados y observados.

La baja calidad del empleo, las malas expectativas del mercado laboral y el escaso apoyo de las Administraciones Públicas a las familias, son algunas de las causas que provocan este grave problema que llevamos sufriendo desde hace años. 

Comparando nuestra situación con la de los países de la OCDE se comprueba cómo somos los últimos en seguridad en el empleo, estamos en los puestos de cola en relación en el grado de satisfacción con el entorno de trabajo y en la zona media-baja en calidad de los ingresos. Con este panorama, es difícil tener hijos y, al mismo tiempo, trabajar.

LEJOS DE LA MEDIA EUROPEA

La respuesta a esta delicada situación laboral desde la óptica pública es, por decirlo de alguna forma, muy mejorable. En 2013 (último año disponible) España dedicaba el 1,5% de su Producto Interior Bruto (PIB) a las políticas de atención a la familia, 1,2 puntos porcentuales menos que la media de la UE (2,7%). O dicho de otra forma, en España se invertían en las familias casi 13.000 millones de euros menos que la media europea. En este escenario, España ocupaba la posición 25 de 34 en gasto público respecto a PIB en atención a la familia. 

Desglosando la situación por la naturaleza del gasto, en materia de prestaciones económicas, que recogería todas las ayudas monetarias a las familias, nuestro país destinaba en 2013 el 0,52% de su PIB, la tercera parte que la media de la UE y 0,7 puntos porcentuales menos que la media de la OCDE. España ocupa la posición 30 de 34 en ese ranking. En lo que se refiere al gasto público en bienes y servicios para las familias, nuestra posición relativa mejora algo, al situarnos en el 0,82% del PIB; de nuevo la OCDE y la UE nos superan (0,94% y 0,98%, respectivamente), pero ocuparíamos la posición 17 de 34. Finalmente, en relación a las medidas de contenido fiscal y sin considerar a aquellos países que no las aplican, ocuparíamos la posición 18 de 22 en la OCDE, al destinar un 0,13% del PIB, frente al 0,23% y del 0,29% de la OCDE y la UE, respectivamente.

Además, se observa una fuerte heterogeneidad territorial en España. Hay CCAA que apuestan por un mayor apoyo a las familias, como es el caso de Galicia. En otras, la generosidad resulta mucho menor. Por lo tanto la igualdad de oportunidades no se cumple y el esfuerzo familiar por tener hijos resulta muy dispar a nivel regional.

INVERSIÓN Y RACIONALIDAD

Finalmente, a modo de corolario, en el informe se señalan algunas propuestas para mejorar las políticas de familia en España, que se resumen a continuación. Primero, es necesario incrementar la inversión en políticas de familia para alcanzar, al menos, la media de los países de la UE en un plazo de 5 años. Segundo, hay que reforzar y unificar los actuales observatorios sobre familia en España en uno solo, pero con más recursos, independencia política y capacidad técnica. Tercero, es necesaria mucha más transparencia en la información sobre políticas de familia a todos los niveles. Cuarto, es preciso racionalizar los horarios laborales e incentivar medidas de conciliación familiar en las empresas. Quinto hay que duplicarlas exiguas deducciones por hijos en el IRPF. Para los contribuyentes no obligados a declarar se puede articular un sistema de subvenciones mensuales parecido al de las familias numerosas. Sexto, es imprescindible facilitar la emancipación de los jóvenes. Esto ha de conseguirse a través de una mejora en el acceso a la vivienda y a través de una apuesta decidida por mejorar la calidad del empleo. 


En 2013 España dedicaba el 1,5% de su Producto Interior Bruto (PIB) a las políticas de atención a la familia


Mientras no se aborde correctamente el problema que tenemos, España no será un país para familias con hijos.