Ourense no tempo

OURENSE NO TEMPO

Ourense, año 1910

Si La Región lidera, cien años después de su inauguración, los actos conmemorativos del Puente Nuevo, no es por casualidad.

La ciudad en 1910 en fotografía de José Pacheco para Vida Gallega
La ciudad en 1910 en fotografía de José Pacheco para Vida Gallega
Ourense, año 1910

Aunque la cinta inaugural se cortó hace ahora cien años, fue ocho antes, en 1910, cuando nacían dos de los elementos que marcan la vida de Ourense desde entonces: La Región y el Puente Nuevo. Porque no fue rápido el proceso que culminó con la inauguración del puente en 1918. Como recientemente recordé, el primer apunte oficial nos lleva al año 1895 cuando el diputado liberal, director general de Registros, Vicente Pérez, presenta en Madrid la solicitud de construcción de este imprescindible vial. No se le hizo mucho caso, como quedó en evidencia al constatar que únicamente se incluyo en el plan general de carreteras de ese periodo la denominada Campo de San Lázaro-estación de Canedo. El proyecto del puente se aprueba en febrero del 1909, tardando más de un año en iniciar los primeros trabajos. 

 La señal de salida se produce en el año 1910, cuando la prensa recoge la noticia: “Una numerosa comisión, formada por distinguidas personas de las calles del Norte, Santo Domingo, San Lázaro, Vicente Pérez, Paz Novoa, etc., estuvo a visitar en su domicilio al director general de los Registros para expresarle su agradecimiento por el proyecto del nuevo puente sobre el Miño y cuyas obras, como ya se dijo, están sacadas a subasta” (El Eco de Galicia, 30 de marzo de 1910). Pero el momento álgido se produce el 28 de junio, cuando dentro del programa de fiestas del Corpus se procede a la colocación de la primera piedra del puente y del Hospital Modelo de las Lagunas, dos obras imprescindibles para nuestra Auria. En el verano de ese año la presencia de trabajadores en las riberas del Miño fue ya una constante, si bien los trabajos de cara a la población avanzaban muy lentamente, algo normal ya que eran los técnicos quienes hacían estudios, catas y comprobaciones sobre el terreno. Los “mirones” de aquel año contaban como hito significativo de los trabajos la instalación de la tirolina que cruzaba el rio.  Pero me gustaría llevaros a dar un imaginario paseo por el Ourense de aquel transcendental año 1910, en el que se gestaba el nacimiento de nuestro Puente de Hierro, a Ponte Nova, y de La Región. Comenzaba el año con la población aún sobrecogida por el terrible siniestro del Santuario de las Ermitas (diciembre de 1909).

La cultura, seña de identidad de nuestra ciudad, contaba con el empuje y dinamismo de la Comisión Provincial de Monumentos, con don Marcelo Macías al frente. Eran famosas las conferencias que se impartían en el Instituto Provincial.

La diversión corría a cargo de dos sociedades que os sonarán: el Liceo y el Club Orensano (Club de Tenis). En lo deportivo destacaba en el fútbol el Real Unión Orensana y un polifacético Blanco y Negro, con sección ciclista, atlética y futbolística, todo un alarde en aquellos tiempos; cierto es que contaba con el apoyo del Marqués de Leis… y un animoso Luis Ksado.

La producción de castañas había sido excelente y permitía exportar el producto a Sudamérica, junto con el otro producto estrella de la provincia, el vino tostado del “Rivero”, que así se conocía entonces nuestro gran ribeiro.

En febrero descubríamos que otro paisano había desarrollado un nuevo invento que vendría a revolucionar nuestros hogares, una lámpara de gas acetileno con forma de candil. No he conseguido seguir la pista al producto, aunque probablemente un “problemilla” con la patente del producto truncara tan exitoso artilugio, 17 años antes ya existía una lámpara de gas acetileno.

La Banda de Música pasaba por un mal momento debido a la pésima relación del director con los músicos. La solución perfecta fue la contratación de Ricardo Courtier, comenzando así una de las mejores etapas de la agrupación.

Las villas eran escenario constante de trifulcas entre los mozos, rara era la fiesta en la que no terminaba “actuando” la Guardia Civil. La ciudad albergaba al regimiento Ceriñola, preparado para desplazarse a África, que para fomentar la cercanía celebraba la jura de bandera de los nuevos soldados en el paseo central de la Alameda.

En septiembre, una espectacular nube de mosquitos invadió la ciudad, por fortuna carecían de aguijón, pero eran de lo más molesto. El ayuntamiento prohíbe bajo amenaza de multa y requisa, la posesión de gorrinos dentro de la ciudad. Aun así, no se consiguió echarlos a todos.El Deportivo Lugo visitó la ciudad para enfrentarse al Real Unión Orensana. El resultado fue de 4–0 a favor de la Orensana. Al árbitro lo detuvo la fuerza pública por “robo”, según ironizaba la afición lucense.En ese mismo año la prensa local experimentaba cambios que iban a marcar la historia del periodismo ourensano; anunciaba su cierre después de 31 años de actividad, El Eco de Orense, uno de los diarios de mayor prestigio en Galicia. Su competidor El Miño cambiaba de director, al trasladarse Francisco Álvarez de Novoa a Sudamérica. Resurgía de sus cenizas El Tío Marcos D’a Portela. Nacían La voz de Celanova, Galicia Ilustrada, Ecos de Orense, El Radical, el satírico La Mosca, La Democracia y aparecía en el panorama local su diario más longevo, La Región. Como fichaje estrella figuraba un más que popular José Adrio, quien era nombrado redactor jefe.

En la ciudad triunfaba el sabor de un vino tostado con un precioso color ámbar que se producía en el cercano Mende, finca “La Borrajeira”. Quién lo pillara.