ARTE ET ALIA

Del coleccionismo particular a una gran exposición

Se muestran las obras más el velo de discreción sigue envolviendo a sus dueños. Son para ellos disfrute y también inversión, que ahora se acrecienta con su exhibición y un catálogo.

Parada Justel y Silvio Fernández.
Parada Justel y Silvio Fernández.
Del coleccionismo particular a una gran exposición

Acercarnos al Centro Cultural de la Diputación para ver 'Arte privada en Ourense', coleccionismo de arte de particulares, tiene algo de morbo, por la ruptura de la invisibilidad que hasta ahora tenían estas obras en pisos distinguidos y casas de la ciudad, principalmente, o provincia. Se muestran las obras más el velo de discreción sigue envolviendo a sus dueños. Son para ellos disfrute y también inversión, que ahora se acrecienta con su exhibición y un catálogo. La publicación del libro será, sin duda, una valiosa fuente documental para estudiosos y marchantes, con obras desconocidas en el elenco. Se prolongará así su eco más allá de la clausura, aumentando el logro de la institución provincial al confiar en Ángeles Fernández, funcionaria de la casa en la biblioteca, sensible y culta. Ella y Mercedes Rozas, reputada crítica y comisaria de exposiciones, la pusieron en marcha, con el presidente José Manuel Baltar, quien lideró el ambicioso proyecto. 

El relato artístico tiene un discurso que recorre cronológicamente los siglos, desde Jacopo 'Bassano', cuya vida discurre en la República de Venecia en el XVI (+1592), al ourensano Cándido Fernández Mazas, fallecido en 1942. Ambos artistas, apenas conocidos fuera de los círculos eruditos mas enormemente relevantes en sus ámbitos temporales, son buenos ejemplos de lo que atesora esta magna exposición. Hay obras de paisaje, escenas costumbristas y religiosas, algún cuadro de historia, destacando los retratos burgueses, como principales géneros artísticos. Desde san Basilio, doctor de la iglesia ortodoxa bizantina, en un singular cuadro de formato no cuadrado, obra de Gregorio Ferro Requeijo, a Mariano Fortuny; el baile de la procaz bailarina y el polichinela ante la ciudad nocturna, de Souto; los intensos verdes en los paisajes de Ovidio Murguía y Juan Luís, el exquisito paisaje nevado de Virxilio Blanco; Rodín y Dalí, con Valtat y Perignon, Clays y un extraño Van Dongen, Carlos de Haes, Frau y Avendaño, Plá y Pancho Cossío, Fernández Granell y también Laxeiro. La playa de Santa Cristina de José Lloréns, notable obra paisajística del pintor das Mariñas; y las varias obras escultóricas, notables retratos en formato busto. Entre todas destacan las obras de la Fundación Santamarina-Temes, ya vistas en Ourense. Guardadas desde hace lustros, son patrimonio de Angelita Varela (+1856), marquesa de la Atalaya Bermeja, heredera del indiano argentino Ramón Santamarina, y su esposo, Isidoro de Temes y Sáez (+1918), noble, legadas para ser mostradas en su casa-castillo de O Couto, convertido en museo... Un Sotomayor, los canónigos compostelanos en escayola con dedicatoria del escultor Asorey a Rey Soto, confesor privado de la marquesa, o la acuarela-tríptico de Castelao, quien se la regaló al presbítero poeta, y óleos de Pérez Villaamil, Germán Taibo, Dionisio Fierros y el Sorolla del niño en el ataúd. Debe destacarse la presencia de Carmen Corredoyra y Mercedes Santiso, pintoras relegadas en un mundo de hombres. Mas son protagonistas los ourensanos Silvio Fernández Rodríguez-Bastos, con obras datadas en Roma, y un extraordinario Parada Justel, obra en depósito en el Museo de Pontevedra. Una segunda exposición de coleccionistas centrada en lo cronológico y espacial podría aún sorprender.