EN OURENSE

De O Couto a socio de Adrià y Messi

Cándido Iglesias lleva el plano de Ourense en la cabeza. Aquí se crió, y de aquí salió un tren que lo llevó a Barcelona con 14 años. Medio siglo después tiene un imperio hostelero que emplea a medio millar de personas y que ahora ya dirigen sus tres hijos. 

El empresario Cándido Iglesias, fundador del Grupo Rías de Galicia, en una imagen de archivo.
El empresario Cándido Iglesias, fundador del Grupo Rías de Galicia, en una imagen de archivo.
De O Couto a socio de Adrià y Messi

Corría 1950 cuando un rapaz de 14 años criado en O Couto se plantó en Barcelona solo, sin un duro ni conocidos, y se puso a pedir curro de bar en bar. Lo encontró en La Plata. A partir de ahí, examinar el currículum de Cándido Iglesias (Mos, 1940), es otear el Sueño Americano a través de éxitos empresariales encadenados, con un primer clímax en la marisquería Rías de Galicia y un segundo encarnado en Ferrán y Albert Adrià, con los que los Iglesias han tejido una alianza que ha vigorizado los negocios del clan, encabezados ahora por los tres hijos de Cándido –Juan Carlos, Pedro y Borja–.Una nueva dimensión de trabajo, definida por medio millar de empleados y una docena de locales abiertos en Barcelona, incluido un restaurante en el Camp Nou y, otro, emparejado con Lionel Messi. Y ante esta enumeración de hitos, madera y carne. "De lo que estoy más orgulloso de mi vida es del cariño que he dado –explica Cándido Iglesias–. Cuando quise transmitir algo a mis nietos empecé a hacer unos huevos de madera, a mano. Y se los regalé. Luego me pidieron mis nueras, mis hijos, amigos, conocidos...¿Sabes qué significado tiene para la gente ese deseo de buena suerte? Ahora me los hacen en Terrasa, ya he regalado más de 5.000".

Rebelde en el futbolín

Ese lado sensible, dice Iglesias, ha sabido mezclarlo con un gen agitador. "Nunca tuve miedo a innovar. Cuando monté Rías en 1986 tenía un presupuesto de 5 millones, acabé gastando 140. A veces las piernas flaquean, pero sales adelante", argumenta el empresario, en un autorretrato que reconoce desde crío. "Siempre fui un poco rebelde", reflexiona rememorando las pellas que se marcaba en Ourense para ir a jugar al futbolín. Sus padres tenían un bar en el 47 de la avenida de Portugal. A él, el estudio no le tiraba. " Fui aprendiz de peluquero y empecé en un restaurante. La Regidora, Alaska... tantas vueltas, llevo el plano de Ourense en la cabeza. Ese rodaje me vino bien". Mientras, amenazaba a su padre con irse a Madrid. "Me veía un crío y no me hacía caso. Un día vi una foto de Barcelona con mar, palmeras... me impactó y agarré un tren. Treinta y seis horas de viaje, con un frío de la leche. Menos mal que una mujer viajaba con sus hijas y me dio una manta y un bocata".

Pronto el chaval de O Couto cogería fama como camarero en la Barcelona de la posguerra: "Mi meta, siempre sorprender. Compraba caramelos, por mi cuenta, y se los daba a los hijos de los clientes. O hacía degustaciones... nunca pedí un aumento de sueldo, la competencia me llevaba de un sitio para otro, y las familias venían detrás". Ese periplo desembocó en el clásico Bacarrá, en el que, tras convencer al dueño de la necesidad de unas reformas, acabó de director.

En 1972, se adentra en la restauración abriendo la marisquería Panduriño. En la foto ya está la lucense Purificación Fernández. "Mi novia. Llevamos 52 años casados y seremos novios hasta que la muerte nos separe", explica mientras destaca que, cada día, van a dar un paseo juntos. Antes ya habrá dedicado un par de horas al negocio. "Es mi afición. Pero es que mis hijos me lo piden: 'Papa cuídate que te necesitamos'. Joder qué alegría me da escuchar eso", describe Iglesias con orgullo. Y continúa: "La verdad es que tuve mucha suerte con ellos. Siempre intenté que fueran cariñosos, que no se malcriasen. Cuando tenía 12 años, le pregunté a Juan Carlos si quería ganar dinero. Me dijó que sí. Lo metí a fregar copas, una horita, los sábados. Repetí el sistema con mis otros dos hijos y ahora, de los seis nietos, tres ya trabajan en el negocio, un par de fines de semana al mes. Tienen contratos de 270 euros ".316825_239144696142316_159372194119567_742753_52046706_n_result

Ferrán Adriá

La fiesta de los 25 años del Rías de Galicia, el 3 de octubre del 2011, simbolizó el traspaso de poderes del patriarca a sus hijos. Allí estaban también Ferrán y Albert Adrià, que solo unos meses antes habían cerrado elBulli –cinco veces mejor restaurante del mundo– y abierto Tickets junto a los Iglesias, en una aventura que nació, precisamente, en el Rías. "Porque llevo 15 años viniendo veinticinco veces al año a su marisquería", espetó Adrià como respuesta cuando se le preguntó por la razón de haber elegido al clan gallego como socio en un matrimonio bautizado como elBarri y que ya ha alumbrado, de momento, otros cinco locales –Pakta, Bodega 1900, Enigma, Hoja Santa y Niño Viejo–. "Todos funcionan muy bien. Trabajar con Ferrán Adrià es una delicia, tiene una calidad humana increíble", explica el patriarca de un grupo que, en paralelo a sus negocios con los chefs catalanes, ha ido superando la matriz Rías de Galicia y su hermana Cañota, añadiendo Espai Kru, Bobo Pulpín, Espai Roma y Los chicos, las chicas y los maniquíes –su primer local fuera de Barcelona–. En 2016 abrieron Bellavista del Jardín del Norte con Messi, en un proyecto de 2,5 millones. "También era cliente nuestro. Venía con la familia... nos asociamos. Pero ojo, la gente va a comer eh, si quiere ver a Messi va al campo".

Con proyectos millonarios y facturación al alza, emerge en el horizonte el conflicto catalán. "Nunca pensé llegar a esto... ahora, al pegar algo que se ha roto siempre quedarán cicatrices. Pero Cataluña tiene capacidad para salir adelante", valora el empresario, que no quiere entrar en la arena política: "A mi casa vienen de izquierdas y de derechas, del Barcelona y de Madrid". Y todos, recuerda, se llevan su huevo de madera de la suerte: "Los últimos llevan escrito 'Toca madeira. O avó Cándido".