CRIMEN CHUO

Isabel Fuentes ya entendía lo que se le decía cuando su esposo la mató

El personal sanitario coincidió en que el procesado se mostraba "cariñoso y amable" con ella

Isabel Fuentes ya entendía lo que se le decía cuando su esposo la mató

La recuperación de Isabel Fuentes (66 años) tras ser agredida en su casa de Verín por su marido el 2 de abril de 2015 fue contra todo pronóstico. Los tres golpes con martillo en su cabeza le provocaron heridas de pronóstico "muy grave".

La médica que prestó la primera asistencia sanitaria en la vivienda de Pazos así lo confirmó en la segunda sesión del juicio seguido contra su esposo, Aniceto Rodríguez, quien la mató 36 días después.

Estuvo ingresada en Reanimación en estado crítico hasta la tarde del 29, en que fue trasladada a la cuarta planta de Neurocirugía porque su mejoría era notoria. Aunque estaba sondada y no podía comunicarse, comenzaba a tomar conciencia de dónde estaba y obedecía órdenes sencillas. El personal sanitario que la atendió lo acreditó en la vista oral. "Últimamente estaba más despierta", aseguró una auxiliar de clínica.

Y, aunque no podía hablar, "a veces entendía lo que se le decía", precisó una enfermera. Esta testigo relató que la noche antes de ser asesinada "estaba incómoda por algo". De hecho, la recolocaron en la cama, una tarea en la que su marido incluso colaboró.

“Cariñoso y amable"

Este último, según confirmaron estas testigos, durante su estancia en el hospital no dio evidencias de estar mentalmente alterado. Se mostró en todo momento "muy cariñoso y amable con su mujer durante todo el tiempo". Otra enfermera relató que cuatro días antes incluso tuvo que consolarlo porque "decía que Isabel se iba a morir y necesitaba esta con ella".

Rodríguez Caneiro para ejecutar su plan durmió esa noche en la habitación 417, juntando dos sofás. En la ronda de las 04,30 horas, descansaba, pero cuando la enfermera pasó a cambiar la medicación, a las 06.30, se encontró a Isabel Fuentes muerta, con sangre en tórax y abdomen. En el suelo, boca abajo, estaba el inculpado en un charco enorme de sangre (se autolesionó). El arma criminal, un cuchillo jamonero con mango amarillo, estaba bajo la cama. 

“O fago por non armar máis líos"

El procesado dejó una nota manuscrita que apareció en el bolsillo de una chaqueta polar a los pies de la cama de la víctima. Textualmente decía: "Isabel, cariño, déronche un golpe moi grande, e si ti non foras dábanme a mi tamén; ti estás moi grave, cariño, e non te podo ver así; espero que nos incineren os dous xuntiños para sempre. A culpa de todo esto a tivo O Perreras por dicir todo ao revés, que a min díxomo un guardia civil que declarara todo o revés e outra máis, así que eu fago esto por non armar máis líos. Aniceto". En esa nota reconoce que mató a su esposa pero intenta eludir la agresión de Pazos. También evidencia que sabía que en la Guardia Civil sospechaban de él.

El personal sanitario que declaró ayer confirmó que en el historial médico de Fuentes figuraba un número de teléfono, aunque desconocía las instrucciones. El instructor policial, tal como dijo el primer día del juicio, pretendía hablar con ella cuando fuera posible para que corroborara sus sospechas y así detenerlo: Aniceto era la persona que la golpeó en Pazos, echando por tierra su versión del robo.