“Pódeme ler a carta? Non viñeron aínda os netos..."

Los carteros rurales cumplen una función "fundamental" de cohesión territorial. El Servicio Postal Universal permite que el rural pueda acceder a su correspondencia a diario, aunque haya carteros que hacen rutas de más de 100 km.

 

“Pódeme ler a carta? Non viñeron aínda os netos..."

"Carteiro, léame a carta, que aínda non viñeron os netos e non a lin...! Así se dirige una señora a Manuel Rodríguez, cartero rural en Allariz, apenas minutos después de iniciar el reparto, a la altura de Casaldoira. "Deixaches a carta o outro día e como eu non as entendo aínda ni a lin. Explícama aí", le dice.

Estas situaciones son parte de la rutina de este cartero, al igual que muchos en la provincia, en su día a día. Hacen las veces de periodistas, de psicólogos y, por supuesto, de buzones móviles. "A xente é moi amable. Prefiro o reparto no rural aínda que sexa máis duro, dáche vida o contacto coa xente e daslles vida a eles tamén", dice Rodríguez.

Los paulatinos recortes en la financiación del Servicio Postal Universal, aquel que se realiza por obligación para garantizar que "todos los vecinos reciban a diario su correspondencia independientemente de donde vivan", han hecho que las rutas incrementen. "Non se repoñen as prazas cando hai xubilacións e os compañeiros doutras rutas absorben outras". Él tiene una ruta de 105 kilómetros, aunque hace años no llegaba a los 70 km. Cumple su recorrido por las aldeas alaricanas "escrupulosamente", porque  ya se las sabe de memoria. "O problema chegaría se entra algún rapaz novo, íalle resultar moi difícil saber os atallos". 

Se atreve a asegurar que nadie será capaz de atender el compromiso diario con los vecinos si  sigue sin haber una tasa de reposición "adecuada". La hora de entrada es las 7,30, la salida es a las 15,00 horas. Una vez que llegan a la oficina, se echan una hora distribuyendo las cartas, lo que denomina "encasillar", en función de las calles, los pueblos...A las nueve de la mañana llega el turno de clasificar los certificados según el orden de reparto para dar inicio a la ruta. Manuel reparte por, entre otros,  los pueblos que deja la carretera de Celanova a ambos lados. La gente le conoce. Un vecino le reclama que le lea la carta, el otro le consulta por novedades necrológicas. En aldeas más pequeñas como As Quintas, Amiadoso o San Martiño siempre tiene las anécdotas más divertidas. "Incluso teño axudado a coller un becerro que se escapara da casa. Pensa que nesta aldeas hai cinco ou seis casa habitadas e as visitas semanais que teñen son as do pescadeiro e a de correos. Valémoslles para todo". 

"Cando hai moita correspondencia é complicado repartir todo, pero sobre todo hai que darlle preferencia aos certificados. É un traballo complicado pero gratificante”, señala. 

En As Quintas, una vecina lo para antes de arrancar para darle una carta en mano. “Temos tamén función de carteiros ambulantes e se te ven por aí párante e recólles a cartas. Antes usaban o buzón, pero á xente gústalle dar as cartas en man”, señala. 

Otro de los problemas son los nombres de las personas. En Magarelos conviven dos Alfredo Fernández. ¿Cómo los diferencia? "Levo tantos anos que xa sei de que banco é cada un e así non fallo". n