ASESINATO EN PETÍN

El acusado de matar al Holandés es “explosivo e influenciable"

Pese a su retraso mental distingue entre el bien y el mal pero no ve las consecuencias, según los forenses

Un instante de la tercera jornada del juicio.
Un instante de la tercera jornada del juicio.
El acusado de matar al Holandés es “explosivo e influenciable"

Juan Carlos Rodríguez González, el acusado de asesinar a Martin Verfondern el 19 de enero de 2010, padece un retraso mental leve (un 65%º) que no le impide llevar una vida normalizada, pero sí tiene limitaciones. Desde tomar la iniciativa y planificar a entender una metáfora.
Según explicaron los peritos forenses que lo reconocieron, distingue el bien del mal pero tiene dificultades para valorar las ulteriores consecuencias. Es decir, sabía que no debía disparar a su vecino pero es incapaz de interiorizar las secuelas que acarrea. Todo ello, unido a un carácter explosivo ante cualquier tipo de contrariedad.

Los especialistas del Imelga, entre los que también estaba una psicóloga, declararon en la tercera sesión del juicio con jurado popular que se sigue en la Audiencia, que la discapacidad que padece le hacen ser muy influenciable. "Son personas que no son capaces de llevar la iniciativa y a las que hay que decirles lo que tienen que hacer", explicaron. 

Los médicos dieron pistas de que en el crimen de Santoalla es difícil encajar un plan preconcebido en el que hubieran tomado parte los dos hermanos (una de las opciones planteadas por el fiscal a la hora de acusar a su hermano Julio). Según los especialistas, es "complicado" que Juan Carlos pudiera ejecutar una acción que le fuera comunicada de un día para otro, ya que "necesita entrenamiento y reiteración" porque las personas con retraso mental leve "solo aprenden con la rutina".

Juan Carlos Rodríguez, quien desde finales de noviembre de 2014, está ingresado en la prisión de Pereiro, en el módulo de enfermería, recibe atención desde enero de 2016 por parte de una ONG que da apoyo a personas con discapacidad. La evolución fue muy lenta: pasó de mirar al suelo (lo lleva haciendo toda esta semana en el juicio) y enmudecer, a asentir con la cabeza y sonreír. Ahora, hasta riega las plantas del jardín de la cárcel sin necesidad de instrucciones.

 Uno de los voluntarios explicó que personas como él practican la aquiescencia: "Intentan agradar a la gente que quieren o valoran mucho". n