CON LOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA

Tierno Galván, el alcalde que sedujo a los madrileños

Gobernó con prudencia y eficacia, creando un Madrid vivo y desenfadado, sacó la cultura a la calle dando origen a lo que se llamó la movida madrileña

Alfonso Sobrado Palomares conversa con Tierno Galván, durante uno de sus encuentros con el alcalde madrileño.
Alfonso Sobrado Palomares conversa con Tierno Galván, durante uno de sus encuentros con el alcalde madrileño.
Tierno Galván, el alcalde que sedujo a los madrileños

En el ADN de este hombre vestido permanentemente con trajes grises cruzados, al que llamaban "Viejo Profesor" cuando apenas había cumplido los 33 años, que escribía reflexiones sobre la Revolución Francesa y acotaciones sobre la metafísica de Kant, no había señales que le predestinaran a ser alcalde, más bien todo lo contrario. Parecía estar destinado a presidente de la republica o algo así, en alguna ocasión lo pudo pensar porque varios analistas lo escribieron.

Hablo, como ya habrán adivinado, de Enrique Tierno Galván, el intelectual  teóricamente despistado que se convirtió en el simbólico  alcalde de Madrid por su pragmatismo inesperado. La primera vez que estuve relativamente cerca de él fue en 1965, cuando le vi de lejos  encabezando una multitudinaria manifestación prohibida junto a José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo a los que habían expulsado de sus cátedras universitarias por apoyar las revueltas estudiantiles que protestaban contra la rigidez represiva de la dictadura franquista.

Era catedrático de Derecho Público en Salamanca y lo había sido de Murcia. Al perder la cátedra empezó una vida de vagabundo enseñando en varias universidades extranjeras y cuando estaba en España se ganaba la vida preparando a quienes querían entrar en la escuela diplomática, haciendo traducciones junta con su esposa o escribiendo ensayos sobre las más diferentes materias. El despacho político lo tenía en Marqués de Cubas con su colaborador Raul Morodo y otros seguidores. Cultivaba la imagen de no romper un solo plato, pero estaba diseñando la manera de  romper toda la vajilla franquista sin aspavientos. 


Desde el socialismo


Participaba en todas las conspiraciones clandestinas mientras fundaba el Partido Socialista del Interior, lo que le permitía pensar y también soñar que de esa manera se convertiría en líder del socialismo español, al ser un partido radicado en España mientras el PSOE, Partido Socialista Obrero Español, tenía sus estructuras en Francia liderado por Rodolfo Llopis, los jóvenes militantes socialistas que se movían en el interior, en eso eran de la misma opinión de Tierno, pensaban que la dirección del partido tenía que trasladarse a España. 

El dictador  envejecía y en cualquier momento podía desaparecer y se abriría una lucha encarnizada por la sucesión, ya que el bunker fascista no podía mantener un poder basado en la represión. En España había una nostalgia de futuro, un ansia colectiva de Europa. Felipe González fue elegido secretario general en el Congreso de Suresnes, en noviembre de 1974, para suceder a un Llopis que ya había roto la bajara, pero se empeñaba en seguir jugando. De allí salió un PSOE nuevo y renovado con un líder que desde el primer momento exhibió una enorme capacitierno003_resultdad verbal con un lenguaje fresco y renovado. Le calificaban de encantador de serpientes. Era un seductor entregado a la permanente tarea de seducir. Ese mismo año, Tierno al frente de los suyos, le cambió el nombre a su formación pasando a llamarla Partido Socialista Popular, PSP. Lo consideraba un nombre ideal para ganar.

A la muerte de Franco las cosas se precipitaron. La democracia avanzaba con una velocidad sin cortapisas. Las primeras elecciones parlamentarias se convocaron para el 15 de junio de 1977. En esa época yo era director de la revista política Posible y hablé mucho con los dos líderes socialistas, bastante más con Felipe. Los dos eran conscientes que de los resultados de esas elecciones dependía el futuro del socialismo español. Quedaría claro quién representaría el socialismo hegemónico. A medida que avanzaba la campaña y se publicaban las primeras encuestas fuimos viendo que las distancias entre ellos eran siderales. Las urnas lo confirmaron. El PSOE de Felipe obtuvo 118 diputados y el PSP de Tierno solamente seis. Estuve en la sede del PSOE vi como reinaba la euforia, de allí me trasladé al hotel Velázquez  y pude ver a un Tierno sumido en la resignación. La suerte estaba echada. Los dirigentes del PSP tenían claro que no podían resistir, con un dolor infinito Tierno disolvió su partido en el PSOE.


Llegada a la alcaldía


En las elecciones municipales de abril de 1979 con Tierno como candidato se convirtió en alcalde de Madrid formando coalición con los comunistas. Al día siguiente de ser elegido nombró a mi mujer Ana Tutor como jefe de gabinete. Desde entonces tuvimos una relación afectiva y constante. Era un personaje del renacimiento. Cultísimo. No daba el estereotipo de un alcalde, tanto que Julio Feo, que sería jefe de gabinete de Felipe González, el día que fue elegido, dijo: “Esta noche hay que llenar las bañeras de agua porque mañana no sabemos que pasará". Su popularidad fue enorme, generando una gran corriente de simpatía, entre jóvenes y mayores. No importaba lo que pensaran, le querían.

Gobernó con prudencia y eficacia, creando un Madrid vivo y desenfadado, sacó la cultura a la calle dando origen a lo que se llamó la movida madrileña. Su vida se llenó de anécdotas. Un día habíamos quedado a cenar los dos matrimonios, solíamos hacerlo cada tres meses en el restaurante "Los Galayos", él llegó bastante tarde y su mujer Encarnita se lo reprochó. Se disculpó bromeando y pidiendo disculpas por la tardanza, ya que había estado enredado en dar las órdenes oportunas para que los madrileños tuvieran agua esa noche, para que no se quedaran a oscuras las alamedas, para que funcionaran los organillos de las Vistillas o para reparar los baches y que los carruajes circularan sin sobresaltos. Ya saben lo que es el trabajo de un alcalde.

 Tierno era un tipo muy divertido sin perder nunca el empaque profesoral del que se revestía. Sus bandos han quedado como ejemplos del  humor fino y socarrón, aparte de buena literatura. Buenísima, a veces. Un mediodía de principios de junio de 1982 fui a buscar a Ana al ayuntamiento, nada más llegar me dijo, don Enrique te está esperando, le llamábamos siempre don Enrique, no alcalde, el nombre se imponía al oficio por su enorme personalidad. Entramos, y nos dijo, esta vez he escrito un bando lleno de dudas, pero también de atrevimiento y no quiero ser objeto de chanzas y divertimentos, porque a este Mundial de futbol van a venir muchos a solazarse y no quiero que se rían de mí. Nos sorprendió que hablara con parecido tono irónico con el que escribía los bandos, y empezó a leer: “Renuévanse los tiempos, se alteran o cambian las costumbres y se introducen novedades que, sin perjuicio de que sobrevivan los antiguos usos y públicos espectáculos, ocasionan nuevos modos de esparcimiento y distracción, tales como el llamado 'football', expresión anglicana, que en nuestro común castellano equivale a que once diestros y aventajados  atletas compitan en el esfuerzo de empujar con los pies y la cabeza una bola elástica, con el afán, a veces desmesurado, de introducirla en el lugar solícitamente guardado por otra cuadrilla de once atletas y viceversa”. El reía como si acabara de hacer una travesura. Le alabamos la originalidad. Lo consideramos  uno de sus mejores y más divertidos bandos que había escrito con los vocablos y giros castizos. Mezcla de prosa muerta y pueblo vivo, ejercitando el humor invita a distender el ceño. 

Siempre recordaré la celebración de los premios populares de Pueblo una fría noche de febrero. Eran los tiempos del destape en los que la actriz Susana Estrada era la reina indiscutible en eso de reducir ropa. Le habían dado uno de los galardones y la colocaron a la izquierda del alcalde Tierno, pero resultó que la teta derecha la llevaba totalmente al aíre causando gran sorpresa en el regidor que la miraba atónito y se decidió a decirle: “Señorita, tenga mucho cuidado, no venga usted a enfermarse de fiebres  con las heladas que están cayendo.” Dejó otras muchas frases para la historia de la Villa y Corte, una de las más recordadas y repetidas la pronunció en un festival de música celebrado en el Palacio de los Deportes, cuando dijo: “Rockeros, el que no esté colocado que se coloque, y al loro”. Los puritanos se la reprocharon mucho, pero él lo decía con la lógica de una inocencia creativa. Además de crear un maravilloso caos cultural bajo el lema: "Bendito sea el caos porque es sinónimo de libertad". A lo largo de sus siete años de mandato trasformó profundamente la ciudad, haciéndola más habitable e incluso divertida. 

Retiró el feísimo e inoperante Scalextric de Atocha cambiándolo por un subterráneo. Impulsó el saneamiento integral de la ciudad, convirtiendo el lodazal del Manzanares en un pequeño río de aguas limpias llenándolas de peces y patos. Se construyeron casas dignas en amplias zonas de chabolismo evitando las especulaciones, solía decir que los políticos tenían que tener los bolsillos de cristal. El los tuvo siempre. La tarde de su toma de posesión uno de esos colaboradores celosos, que abundan demasiado, entró en su despacho para retirar el crucifijo que estaba sobre la mesa, le frenó diciendo: “La contemplación de un hombre justo que murió por los demás no molesta a nadie. Déjelo donde está”.

En las segundas elecciones Ana fue la encargada de coordinar el programa, ya lo había sido en las primeras. En una charla con él le comentó: “La política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas, no renuncie a enumerar ideales”. En los siete años de mandato, murió cuando le faltaba un año para cumplir la legislatura, cambió profundamente la ciudad, haciéndola más humana. Tuvo el entierro más multitudinario de la historia de Madrid. Este año se cumplieron, en enero, los cien años de su nacimiento.