Usos y costumbres del verano

Comprar el periódico

Comprar el periódico

La principal aportación de la prensa al bien común es el paseo de la mañana de los meses de julio y agosto. Salir de casa al frescor del alba, con el pelo aún mojado, el olor a colonia impregnando el cuello, y la carne de gallina por el suave contraste de la brisa. Caminar pausadamente hasta el quiosco. Aspirar el vaho de la tinta, el aroma amargo del papel. Saludar al vendedor de periódicos. Intercambiar un par de palabras sobre el tiempo. Y regresar a casa con un fajo de prensa bajo el brazo. Los veranos y las vacaciones se inventaron para la gente que sabe paladear este ritual. Los demás se pueden volver al invierno y al trabajo, y a gastarse las huellas dactilares con sus tablets. Ya les llegará, ya, el momento en que tengan que vérselas para envolver el pescado en su iPad.

EL PAPEL

El papel es importante. Quien lo confiesa dirige un periódico digital. Esto dice mucho del papel y muy poco del sinvergüenza del columnista que lo confiesa. Tras largos meses de investigación, he podido concluir que buena parte de la relevancia del papel radica en que esté seco. De lo contrario es papel mojado y carece de importancia. Esta es la razón por la que no se venden periódicos bajo el mar.

Dicen que en la era de Internet los periódicos de papel caducan antes de llegar a los quioscos. Lo dicen los mismos que, por sus webs, venden como nuevas noticias refritas de hace años. Pero la pelea entre ambos formatos no tiene sentido. El periódico de papel es elegante hasta cuando arde, con ese humo esbelto y esa llamarada urgente de belleza. La tableta electrónica en cambio, apesta si se incendia, y se derrite como un queso malo, dejando finalmente una cosa negra y pringosa en la chimenea, probablemente tóxica. Aunque lo seques y consigas apagar el fuego, tu chimenea parecerá una pizza quemada y su olor perenne te obligará a mudarte de casa. Conozco varios casos y es un drama. Un drama al que jamás tendrá que enfrentarse un comprador de periódicos de papel.

EL DE AYER

Solo hay un placer comparable a bañarse en las aguas cristalinas y gélidas del Cantábrico en agosto. Sólo hay uno y es sentarse a leer el periódico de ayer. No lo hacemos durante el curso porque vivimos condenados a la actualidad. Sin embargo, el periódico de ayer nos aporta una visión de los hechos igualmente cruda, pesimista, y salvaje, pero con una ventaja: no resultará tan doloroso saber que esos muertos ya son de ayer. Los muertos de ayer ya no importan. Los muertos de ayer envuelven tarros de miel en la aldea, cubren los charcos de aceite en casa, y llenan zapatos en los viajes. Para la prensa, los muertos de ayer están tan muertos como Elvis, que está vivo, se oculta en una chalet en Las Rozas, se ha vuelto caníbal, e invita a los vecinos a helado de Walt Disney.

Leer un periódico antiguo es un ejercicio de libertad. Lo haces porque estas de vacaciones. Porque no te apetece ir hoy al quiosco. Y por salud, porque en el fondo no te importa demasiado lo que está pasando en el mundo, excepto lo que pasa en tu manzana. Y para eso tienes a la prensa local, gran aliado del veraneante. La única capaz de contarte que un gato ha mordido en el culo a un vecino, que previamente le había pisado el rabo –al gato-.

NOTICIAS DE VERANO

Llevamos algunos años en los que julio y agosto no nos dejan descansar a los periodistas. Este año yo lo haré. Incluso aunque se abra el universo y comience a llover lava, no pienso sentarme a contarlo para un periódico, salvo que esa lava me caiga exactamente sobre la tumbona; en se caso lo haré sólo para quejarme por la parte que me toca.

Las noticias que leemos en verano nos alegran la vida. Hace un par de periódicos pasó a la historia un tipo que, intentando matar una araña en su habitación, terminó derribando un edificio. ¡Cómo no sentirnos identificados con éste héroe de la prensa estival! El hombre probó con la zapatilla, con la escoba, e incluso con un periódico, que es un arma infalible para machacar todo tipo de insectos, incluso algunos que viven en palacios. Sin embargo, la araña resistía con audacia a cada ataque. La noche avanzaba y al hombre se le fue enrojeciendo la mala leche, esa que se acumula en los mofletes cuando la vida aprieta y una araña te araña. El bicho estalló en una ingenua carcajada al verlo coger un aerosol y un mechero. Según la araña, las últimas palabras del hombre fueron “por mis huevos”. Lo siguiente fue el chissss del mechero, una explosión, y un gran incendio, del que ambos salieron con vida. La araña y él. Y la foto, claro, para la leyenda de la prensa mundial, bajo su histórico titular: “Todo empezó por una araña”.

Estas cosas sólo se leen en la prensa de verano.

ENSEÑAR EL PERIÓDICO

El principal componente social de comprar el periódico es mostrarlo. Supongo que enseñar un periódico a los demás nos identifica con algo. Al menos, algo más que si enseñamos la lengua o el trasero. Transmitimos un mensaje al universo. Más allá de “me da igual todo”.

Ahí está el que camina con su diario de izquierdas, con sus gruesas letras hacia fuera, y da vueltas y vueltas para que todo el mundo lo sepa. Y el que camina con el diario de derechas, que lo lleva escondido en una bolsa de plástico, metido a su vez en una gruesa tela, y finalmente enrolado en el fondo del bolso de su mujer.

LOS COLECCIONABLES

En verano numerosas publicaciones vienen con promociones gratuitas que incluyen sombrillas, ollas, libros, muñecas, chanclas, despertadores, cuchillos, lámparas, alfombras, caramelos, rotuladores, medias, carcasas, arroz a la marinera, fulares, golosinas, revistas, pelotas hinchables, cortaúñas, faldas, gafas de sol, pegatinas, trajes de baño, muebles de cocina, pendientes, animales sueltos, o entradas para el cine. Si vas a comprar varios periódicos, lo mejor es que vayas en coche al quiosco y con los asientos abatidos.

Nota del autor sobre los cupones recortables: el quiosquero es un tipo que se caracteriza por poseer el record del mundo en recorte de todos los cupones del diario. Lo hace en el tiempo en que tú parpadeas una vez. Si no quieres que te deje el periódico como si hubiera sobrevivido a una pelea de gatos, dile que no te toque los cupones.

QUE PERIÓDICO COMPRAR

Naturalmente, éste.