Usos y costumbres del verano

El crucero

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El hombre construyó la casa. Después construyó el edificio. Y finalmente lo tiró al mar. Así nació el crucero. La industria ha evolucionado tan favorablemente que hoy podemos decir que el crucero es lo mismo que un gran hotel de lujo, pero con inmejorables vistas al mar y montones de gente traficando con pastillas contra el mareo.

El crucero está recomendado para aquellas personas que tienen miedo a volar. Después de tres semanas vomitando por la borda, la mayor parte de los turistas de un crucero deciden perder el miedo a los aviones.
Lo mas bonito del crucero es el propio crucero y eso es algo que no se ve desde el barco. Tendrás que tirarte al mar. Pero entonces el que no te verá es el barco a ti, y pasarás a convertirte en la noticia del verano.

POR QUÉ FLOTA

Hay una regla física que permite que algunas cosas floten en el mar. Como por ejemplo, el plomo. Por eso los cruceros se hacen de corcho.
De acuerdo, me parece que tengo que repasar esta lección.

CON QUIEN IR

Lo ideal es ir con acompañado de alguien que pueda corroborar que has visto un OVNI, un tiburón comiéndose a una ballena, o un náufrago arrastrando una caja de cervezas por una isla desierta. Pero nunca vayas con alguien con quien te lleves demasiado bien. La probabilidad de que surjan tensiones en un espacio reducido en medio del mar es muy alta.

Es mejor que te lleves un enemigo. Estoy convencido de que si surgen problemas acabaréis superando esas diferencias. Supongo que no hay mejor lugar que un barco para echar pelillos a la mar. Además, las dificultades unen. Y las dificultades incluyen encestar la cuchara en el plato de sopa cuando todo se mueve más de lo previsto.

Prueba a ir solo y conocer gente si crees que eres capaz de asistir al baile de los sábados. Tal vez consigas un bonito amor de crucero y podáis contarles a vuestros hijos que os conocisteis en el mar, que es algo capaz de emocionar hasta el más inconmovible de los hijos.

También puedes ir al viaje contigo mismo. Los psiquiatras recomiendan a menudo encontrarse consigo mismo, invitarse a cenar, y salirse en crucero. Es posible que sea una estrategia para mantener a los pacientes alejados.

QUÉ SE SIENTE

El último al que me subí me derribó un poco el mito. Era de piedra y estaba en la entrada de un cementerio. No se siete nada especial.

BAJAR DEL CRUCERO

Parte del encanto de estos viajes está en descender del barco y visitar algún destino exótico. Por ejemplo, Madrid. Sorprenderás a todos tus amigos si logras amarrar junto a la Cibeles.

En las paradas, todos se bajan y el barco permanece amarrado a tierra. Así que es el mejor momento para salir de tu camarote y visitar el crucero. Pero si decides bajar y pasear por la ciudad, recuerda que lo único importante es regresar a tiempo antes de que se marche el barco. En principio van a esperarte antes de salir hacia el siguiente puerto, pero el personal que organiza estos cruceros respeta totalmente la voluntad de sus viajeros, por lo que no creo que vayan a arrancarte de esa discoteca a las siete de la mañana y llevarte a la fuerza al barco.

Si crees que se te ha hecho tarde y no llevas reloj –algo que hacen el cien por cien de los turistas según datos del Ministerio de Relojes-, estate pendiente de un sonido atronador que suele rebotar por las paredes de la ciudad, y que se parece al que emite el elefante cuando le pisas la trompa. Si escuchas esta bocina, corre todo lo que puedas. Si lo haces en dirección al barco, mejor. Pero si no, corre en cualquier dirección. Eso te hará creer que estás haciendo todo lo posible.

Si finalmente, cuando llegas al puerto, el barco ha partido, no intentes lanzarte al mar y llegar nadando. Los tiburones de la mayor parte del mundo se alimentan de turistas de cruceros que se han confundido de hora.

PELÍCULAS PARA VER EN UN CRUCERO

Titanic
La tormenta perfecta
La última noche del Titanic
El hundimiento

DE VUELTA

Para adaptarte de nuevo a tu casa, que no se mueve, mi consejo es que hagas vida normal durante unos días en la bañera. Vete quitando el agua poco a poco.

ENSEÑAR LAS FOTOS

La actividad más común en un crucero es sacar fotos. La más celebrada siempre es agarrado al timón, y bebiendo a morro de una gran botella de vino. Sin embargo, por razones que se me escapan, las empresas que organizan estos viajes cada vez son más reacias a dejarte hacer este tipo de fotografías y subirlas a Twitter.

Sea como sea, cuando llegues a casa te sorprenderás de la cantidad de fotos que has llegado a hacer en unos días navegando el mar. Toda clase de cabos, advertencias graciosas de seguridad –o que te a ti te lo parecen-, amigos y amigas de otros países, comidas, la piscina, el salón de baile, las ciudades, la rampa de subida, el lavabo, tus pies en la piscina, tus pies en la cama, tus pies en la cubierta, tus pies en una hamaca, el anillo de casados –en viajes de novios-, tus colegas vestidos de pitufos –en despedidas de soltero-, y por supuesto, millones de fotos del mar.

Reúnelas todas en una carpeta y enséñaselas detenidamente a esas visitas que se presentan en casa sin avisar. No ahorres ningún tipo de comentario sobre las fotografías más anodinas. Si no se marchan, prueba a exclamar esto: “Tal vez sea hora de dejarlo, que estas fotografías se querrán acostar”.

EL SELFIE

Es muy emocionante hacerse un selfie en un crucero. La última moda es hacerlo desde el barco descolgándose por la borda. Esto te permite salvar el móvil cuando se te escurra de las manos. Que desde que se pusieron de moda los selfies en los cruceros, la reventa de móviles es el principal motor de la economía de sumergida.