Usos y costumbres del verano

¿Dónde guardar un novio?

¿Dónde guardar un novio?

Tener novio en verano es una pésima idea. Los chicos están todo el día ahí, mirando. Y cuando no están es peor, que a saber lo que hacen mientras no los vigilas. Los novios están bien, pero solo en la medida en que esta bien la Estación Espacial Internacional. Es bonita, supongo. Es útil, a ratos. Y sobre todo, está lejos, a unos 400 kilómetros de la tierra. Imagino el incordio que debe suponer tenerla en el salón de casa, orbitando con sus 420 toneladas de masa, e intentando comunicarse con el planeta una y otra vez. 


No, no es aconsejable conservar un noviazgo a estas alturas de la temporada y tampoco meter una nave espacial en casa. Pero tal vez no esté del todo mal poner en órbita a tu chico aprovechando la confusión que generan en el cielo esos fuegos artificiales de las fiestas de verano. Nadie se dará cuenta de que algo ha salido volando. Si le cuelgas a la espalda una mochila con las suficientes latas de cerveza fría y cigarrillos, no te lo tendrá en cuenta en la primavera del 2022, cuando atraviese la atmósfera de regreso y caiga en el océano Pacífico envuelto en chispas. 

PIENSA EN VOLVER
Despedir a un novio para siempre es extremadamente sencillo. Basta con invitarle a comer a casa de tus padres. Pero la mayoría de las mujeres lo que desearían es conservar a su oso de peluche durante las frías tardes de otoño. A fin de cuentas, alguien ha de acompañarte a comprar castañas y sostenerte el cucurucho mientras te las vas pelando por la calle. Tu madre no va a hacerlo. Y además, con ella acabarías discutiendo por la inclinación del cucurucho, por el lugar dónde arrojar las cáscaras, o incluso por el crujido irregular de las castañas. Así que tienes que confiar en tu novio. Sólo ese chico es capaz de agarrar el cucurucho como a ti te gusta mientras paseas por la calle bajo la nieve y te haces un selfie con uno de esos filtros sepia de Instagram para la posteridad. A nadie le importa que hoy la posteridad dure quince segundos.


Lo que quieres de tu novio es que vuelva. Que se marche con el sol y regrese con las lluvias. Como los madrugones. Pero para conseguirlo no puedes improvisar: la despedida debe estar muy bien preparada. Prueba con alguna de estas frases:
Démonos un tiempo.
Te quiero demasiado como para dejarte, así que lárgate tú.
Las cosas no son como nos gustaría.
Algo se interpone entre nosotros.
Con la sombrilla no me cabes en el coche.
Como dijo Neruda… ¿cómo dijo Neruda? 
Cada día te pareces más a ti mismo.
Eres como mi mejor amigo pero sin el como.
La novia a la que llama está apagada o fuera de cobertura en este momento.
El amor es una tormenta de verano. Esperemos a la calma.
Te quiero como el primer día. O sea, nada, de momento.
Me voy de vacaciones a Magaluf, te veo a la vuelta.
No hay rival pequeño.

QUÉDATE ALGO SUYO
No por vieja ha perdido eficacia esta táctica que ya empleaban los romanos cuando jugaban al Risk. Es primordial que te quedes con algo de su propiedad. Procura que sea algo que realmente eche en falta cada segundo, que se pase el verano pensando en recuperarlo, y que le obligue a volver contigo cuando empiecen a caer las primeras hojas del otoño. Quédate con su tarjeta de crédito.
Otros especialistas en guardar a novios durante la temporada estival recomiendan quedarse con objetos pequeños e imposibles de conseguir en el mercado. He estado pensando un buen rato sobre este asunto. En tal caso, la mejor opción es robarle el alfiler con el que desbloquea y expulsa la tarjeta de memoria del iPhone. Personalmente, nada me pone más nervioso que perder este alfiler, que guardo siempre en mi mesilla de noche.

PLAYA Y FIESTA
Eso de los ligues del verano es una bobada inexistente. Dí la verdad. No quieres guardar a tu novio en el cajón para poder ligar más, sino para poder ir a la playa y estar tumbada en la arena durante seis horas, vuelta y vuelta, sin que nadie te diga que es tarde, o pronto, o que hace frío, o calor, o que la arena rasca, o que se aburre. Y lejos del arenal, bien entrada la noche, en todas las fiestas de verano, lo que se valora es la soltería. Al menos hasta que se tiene el suficiente pasado como para poder asaltar la barra de la verbena en compañía de tus bisnietos. 

SIN QUE SE DÉ CUENTA
Los chicos no nos enteramos de nada. Nos gustaría decir que es una pose y mentir para que el universo entero se sienta mejor, pero no es posible. Como mucho, tal vez el despiste sea un mecanismo de defensa contra locura, pero la verdad es que da lo mismo cuál sea la razón, el resultado es el mismo. Esto que a menudo te exaspera hoy es tu mejor aliado. Con un poco de práctica podrás dejar a tu novio antes del verano y recuperarlo en septiembre sin que se entere. Mándalo a hacer la compra a alguno de esos centros comerciales con pasillos eternos y recovecos extraños y no volverás a verlo hasta que vayas a rescatarlo. Está comprobado. Pásate un día por la zona de conservas de alguno de estos hipermercados. Aquello está lleno de novios y maridos orbitando con los ojos en blanco y una lista de la compra entre las manos. Algunos llevan ahí desde la década de los 90.

LA DEPRESIÓN
El final del verano es increíblemente triste. No hay nada que me sumerja en un estado de mayor melancolía, si dejamos a un lado las derrotas del Real Madrid. Las calles se vacían de turistas. Los días se hacen más cortos. Las noches se hacen más largas –sospecho que hay algún tipo de relación entre ambas cosas-. Y ahora que ya no hay socorristas en las playas, todo el mundo parece tener pareja de repente. 
Llegará septiembre, se acabará la fiesta, y echarás de menos a ese chico. Caerá la depresión. El telón de la soledad. El tiempo sin saber qué hacer en plena tarde. Y de la nada, nacerá en ti un deseo irracional, lunático y majadero, de matar a un columnista. Pero te adelanto que ya ha pasado por aquí tu novio y su bate de los New York Yankees y queda poca tela que cortar.
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