Carrera de borricos

Carrera de borricos

En este mi pueblo de Negreira pasan cosas de hondo voltaje o alto calado, o al revés, o  como gusten, a mí me da igual.  Su Alcaldía es muy grande y deseada. Nadie sabe exactamente en qué, pero muy grande y codiciada al fin y al cabo. Y desde siempre su poltrona ha sido ambición altamente ansiada. Ya se sabe que para alcalde no se piden estudios ni curriculum alguno. Desde siempre. 

Ahora mismo, cierto parecido con una carrera de borricos sí tiene, no me lo nieguen. Con todos mis respetos y consideraciones legales alguien da la salida, y allá salen al trote los dos jumentos, rebuznando como si no hubiera pasado nada, sin mirarse siquiera por el rabillo del ojo. En la grada, con más corazón que cerebro, los forofos la celebran con un amplio racimo de relinchos.

Uno adelantando al otro, o viceversa. Uno apretando, otro rezagándose. El resultado y ganador -la acémila del momento-  ya se sabe de antemano. No tiene mérito. Todo está amañado y bien amañado. Sin motivo aparente para ninguna sorpresa.

La prensa diaria publicó las incidencias del pleno  celebrado el  jueves 16 de noviembre, de nueva elección y nueva dimisión, junto con las conclusiones (léase y pronúnciese bendiciones) pertinentes y ajustadas a derecho de Ciudadanos, su padrino y testigo. Solo cambia de manos el bastón. Las bambalinas siguen conservando la misma blancura. La marcha sigue ajustada, muy ajustada a la lentitud y progreso del momento.

Y no hay más. En una legislatura, tres alcaldes, Es lo que hay y lo que queda, ya se sabe; aquí paz y después gloria.