Xavier Páramo, in memoriam

Xavier Páramo, in memoriam

Cuando se aleja definitivamente una persona que ha colaborado en nuestro tránsito por este loco mundo, al írsenos quién vivía en ese relicario protegido donde cultivamos el jardín de nuestras ilusiones, la sensación es la de ese vacío que conocemos todos. Muere un amigo, sí, y una especie de orfandad, de infancia sobrevenida nos sobrecoge invasora; de pronto estamos solos y asustados. 

Encima te has muerto tú, amigo Xavier Páramo Suanzes, y fue en el Londres donde hace tiempo, tal vez treinta años, te asentaste ausentándote de este Ourense, cuna de dulce molicie, que te tenía harto, y en que habías agotado un ciclo vital. Muchos años hace que sabíamos de la firmeza de tus convicciones, de la profundidad de tus observaciones y de la generosidad indiscriminada con que compartías tu talento para hacerle cosquillas a la realidad y aprovechar cualquier escenario para abrir la fuente de la risa y de la alegría que hacías brotar como contribución al oficio general del mundo. La época de amigo de Alfonso -con 17 años por el País Vasco- luego ya con todos, los abuelos, amigo de casa que eras para nosotros- luego estudiantes de lo mismo aquí y allí, alternando con la inolvidable época de las Grandes Risas; rey mundial de la improvisación, dominador de la gracia  - ya antes habías bautizado por tu cuenta a la mitad de la gente con mote de la ciudad- y en todo momento viejo caballero de otros tiempos, enhiesto en ti mismo, digno rival que mira a los ojos a cualquier adversidad, señorío, orden de superficie (tus armarios eran un prodigio de cuidados, tus cajones, un juguete de orden) y dueño siempre de la palabra precisa, de la invención del nombre que resume escenario y vida: el campeón de bingo Cholo Racamonde, el experto parapsicólogo Hypnosio Claroscuro... Los programas de radio del Pazo de Xafoi en gran lid diaria con Arturo y Julio… No puedo evitar pensar que lo de que te esté esperando el Gran Amigo sea acaso una posibilidad… pero sobre todo tus alumnos recibiendo tu auxilio variopinto: Tú delante de un encerado con la gran inscripción SUFRIR y tu defendiendo al niño que sufría inscribiendo en tus alumnos la responsabilidad de cuidarse unos a otros como tarea de los antropos o seres que miran a lo alto. Tú enfrentándote al desalmado fotógrafo que acosaba al señor aquel todo retorcido que trataba de defenderse con sus dos muletas en Arzúa. Tú cultivando amistades de toda clase -buenas y no tanto- y abriendo ventanas de simpatía por la ciudad; tú, camaleón de fiesta en el ascensor de Lisboa… En fin, Xabier Páramo; transcurrieron tal vez, treinta años de tu pase a la Gran Bretaña, y cuando ahora cruzaste, muy a tu pesar, la línea definitiva de la existencia, la noticia se extendió veloz por la ciudad como un latigazo en las conciencias de todos los que te conocieron, de todos los que te quisieron, de todos los que nunca te olvidaron.  Descansa en paz, Xavier.