Ironías de doble filo

Ironías de doble filo

A los veinte años se tiene una visión tan simplista de las cosas! ¡Cuesta tanto comprender que la vida es enormemente complicada y viniendo de Cataluña, sobre todo, ocurre que uno se nutre, por lo que hace referencia a España, de una literatura extremista, carente de toda finura incisiva, extremadamente pueril: viniendo de Cataluña produce un efecto extraño ver que el español, incluido el madrileño, es también un ser difícil de comprender, difícil de someter a nuestras ideas tradicionales, y a nuestro instrumental chapucero y aproximado.

El no muy largo párrafo anterior, que sin duda ustedes me van a perdonar, se trata de una larga cita para la que también pido comprensión, pero por algún lado había que comenzar. Les diré que figura en "Madrid, un dietari" y la escribió Josep Pla allá por 1928. 

El caso es que como cada santo tiene su octava -o al menos así sucedía antes- comprenderán que no me resista e inmediatamente eche mano de otra del mismo autor, solo que en esta oportunidad procede de otro libro del mismo autor, "Notas dispersas" en el que figura lo siguiente: "Cuando uno repara en que un país puede ir tirando a pesar de la enorme cantidad de imbéciles que lo gobierna, la sorpresa es permanente e inenarrable". Ahí les queda, sometida a sus muy diversas consideraciones.

Me acordé de esta segunda frase y, al buscarla en aras del rigor y de la exactitud que siempre deben ser buscadas me encontré con la primera de las dos citadas y la cogí al vuelo pues si a Pla se le consintió (poco y tanto por unos como por otros) es de suponer que a mí ni se me tenga en cuenta pese a que su ambivalencia nos permita referirla a unos o a otros según disposiciones y conveniencias personales o de grupo. El español, tal vez usted y yo lector amigo, es un ser difícil de comprender, difícil de someter a las ideas tradicionales de los catalanes y a su instrumental chapucero y aproximado. Si esto le sucedía a Pla, qué no nos sucederá a usted y a mí interesado lector, en el proceso este que viene, mal que bien, desarrollándose en Cataluña. 

El problema aumenta, lo hace de un modo que se diría exponencial, si uno cae en la cuenta de que la segunda cita es aplicable, a partes más o menos iguales, tanto a la realidad de un gobierno autonómico catalán como a la del gobierno central de España. ¿Alguien podrá negar que el país, que España con Cataluña incluida dentro de ella, pese a todo, va tirando pese a la enorme cantidad de imbéciles que, en un lado y otro, nos van involucrando a todos en la valoración de la confusa y nada cómoda realidad a la que nos inducen?

Las últimas semanas han sido prolijas en ejemplos de este tipo. Tanto lo han sido que ya todos empezamos a desbarrar. Decimos en gallego que "un tolo fai cento" y pocas verdades son tan asumibles como esta. No hay más que ver como, en las más de las tertulias de la tele, llegada la hora de defender los postulados asumidos el nivel conversacional cae en picado haciendo buena la advertencia de que, si discutes con personas inteligentes que expresan ideas constructivas, acabarás por decirlas tú también mientras que si, por el contrario, con quien dialogas es con una panda de tarugos acabarás por decir las mismas imbecilidades que ellos expresan y a las que inconscientemente has sido empujado.

Claro que el tema escogido también puede influir. ¿Cómo valorar eso de "una salida a la española" preconizada por Doña Fátima Báñez, a la sazón ministra que tanto nos recuerda a alguna antecesora suya en el Zapaterato? ¿Cómo los múltiples dislates habidos con motivo de la masacre habida en Barcelona? ¿Como el desparpajo de un presidente que informa en medio ciento de ocasiones sobre un mismo tema y consigue hacerlo sin mentar nada que tenga que ver con ello? ¿Y qué piensan de una oposición que, después de esas cincuenta y dos oportunidades, no consigue el fin que tan ardua como ineficazmente había perseguido? ¿En manos de quienes estamos?

En otros momentos de nuestra historia ya se conocieron periodos y personajes que parangonar con los actuales, tanto en la península que habitamos compartida con los portugueses, como en el resto del planeta en el que navegamos, no sabemos con qué rumbo, por el espacio inmenso. Tanto es así que personajes como Donald Trump o Kim Jong-un son perfectamente homologables con otros de los no tan lejanos comienzos de la Segunda Gran Guerra.

Vivimos tiempos de desparpajos y de ironías de doble filo -por ejemplo, la de responsabilizar de la trama de la Gürtel al conjunto de la ciudadanía- y de estolideces encadenadas: las debidas a las diversas consideraciones del atentado de La Rambla desde el momento en el que asistimos a todo ello sumidos no se sabe sin el pasmo o en la indiferencia; en todo caso, en la aceptación de unas explicaciones y/o de otras sin mayor capacidad de reacción que la que un alumno mediocre pudiera tener ante la injustificada bronca de un profesor al que pudiera tachar, unas veces, de energúmeno, de manipulador otras, de incompetente en la mayoría de ellas. Y en esas y no en otras es en las que andamos. Se ignora aun por cuánto tiempo.