La despoblación de nuestro rural

La despoblación de nuestro rural

Estas semanas de verano realmente da gusto ver la infinidad de pueblos -despoblados la mayor parte del año- que nuevamente recobran vida propia en esta estación estival plagada de fiestas y romerías. Un espejismo que se vuelve real en cientos de núcleos de población prácticamente deshabitados la mayor parte del año. Pero para que entendamos todos cual es la realidad demográfica de los pueblos ourensanos, démosle un repaso a los datos: en mi provincia, Ourense, se contabilizan hasta 55.946 viviendas vacías, casi 300 pueblos abandonados y más de 200 con un solo vecino. El envejecimiento poblacional, el éxodo rural y un tipo de organización dispersa del territorio contribuyeron a que en muchas localidades de la provincia quedasen solo las estructuras de las casas en decenas de núcleos de población: Amedo, O Sío, Valverde, Abeledos, A Granxa, Morgade, Piñeira, Acevedo o Pedrosa son sólo algunos ejemplos.

Los motivos para que un núcleo poblacional se quede sin habitantes son, por lo tanto, diversos y están en estrecha relación con el tipo de asentamiento de cada zona. Así, en Ourense, a las clásicas razones naturales, como inundaciones, o económicas, la falta de servicios básicos como centros de salud, colegios, guarderías en incluso tiendas de alimentación, así como el fracaso de ciertas actividad que lo sostenía, fundamentalmente agrarias y ganaderas, se le unen la alta mortalidad como consecuencia del envejecimiento poblacional y una población dispersa, con muchos pueblos pero con poca población. La emigración y el paso del tiempo fueron haciendo mella en la población, hasta que un día esos lugares pasaron a ser solo parte de los recuerdos de alguien, o el sitio al que otros todavía regresan para recordar dónde están sus orígenes.  

La tranquilidad  que los pueblos semivacíos ofrecen en los meses de otoño y invierno, desaparece en muchos casos en los meses de julio y agosto, porque muchos regresan a pasar unos días en su antigua casa paterna o en la de sus antepasados. Pero sigamos observando los datos: el concello ourensano que peor datos arroja en este sentido es Castro Caldelas. Tiene 22 núcleos en los que no queda ningún vecino (el INE distingue cada pueblo en dos núcleos, el central y el diseminado), mientras que hay otros 89 que no suman más de diez vecinos. En Gomesende se cuentan 16 núcleos abandonados, y 14 son los que el INE detecta en O Carballiño. Los núcleos con población cero se reparten por 47 de los 92 ayuntamientos que tiene la provincia, es decir, más de la mitad. 

Y en términos demográficos, el bajón en el censo ha sido muy negativo también para muchos municipios, contabilizando concellos con empadronamientos cero. Los datos extraídos del padrón municipal son un reflejo de la agonía demográfica que sufre la provincia, con lo cual la conclusión es nítida: necesitamos planes de choque económicos que fomenten el empleo de calidad y estable como revulsivo en el objetivo de fijar población en nuestro rural, potenciando los núcleos más poblados con los servicios que la sociedad actual demanda. De no hacerlo así el desierto demográfico ourensano está más que asegurado. Pero claro, la realidad y la problemática del interior solo preocupa en periodo electoral. En fin...