Botón del pánico

Botón del pánico

Cada 22 minutos se denuncia una violación en la India. El dato es escalofriante y sin embargo la realidad es seguramente mucho peor. La gran mayoría de las violaciones se quedan en el silencio de las víctimas. Lo demuestra una encuesta de hace dos años sobre igualdad de género: una cuarta parte de los indios consultados reconoce haber cometido al menos un acto de violencia sexual.

Parece que la violación se ha convertido en este gigante emergente en una macabra seña de identidad.

Las alarmas saltaron en los radares internacionales en 2013 con el caso de la estudiante de medicina golpeada con una barra de acero, que luego se usó para su violación por seis hombres. Agonizó durante diez días en el hospital y a pesar de someterse a tres operaciones no pudo sobrevivir.

A partir de este caso que dio la vuelta al mundo el gobierno intenta frenar la deteriorada imagen de la India en esta materia. Se instauró la pena de muerte para los violadores reincidentes, a pesar de las polémicas surgidas en la oposición más feminista y en algunos sectores más conservadores –permisivos- que minimizan el delito.

Cuatro de los asesinos de la joven estudiante fueron detenidos y condenados a muerte. Un quinto cumple una pena de tres años de cárcel. Pero en julio de 2015 el Tribunal Supremo suspendió la pena de muerte impuesta a dos de los condenados.

Hace unos días el Gobierno indio decidió que obligará a que todos los móviles que se vendan en India lleven un botón que alerte a la policía y familiares en caso de peligro para una mujer. El botón de pánico será obligatorio a partir del 1 de enero del 2017.

Es verdad que los móviles se han convertido en una herramienta de socorro eficaz y, probablemente, lo sea también para las millones de mujeres amenazadas en ese país (y en muchos otros, por cierto). Es posible que la tecla de pánico impida una violación o al menos alerte del peligro, pero para eso deberían cumplirse algunas condiciones. Los ingenieros aseguran que es muy simple poner ese botón en un móvil pero más complicado es su uso y, sobre todo, cómo se activa la llamada de socorro, quién la responde y qué seguimiento dará la policía a la llamada de auxilio. En definitiva, de nada sirve la tecnología más avanzada si no existe un cambio de mentalidad real que considere el abuso sexual como un verdadero delito.

Pero, además, existe otro inconveniente a la eficacia de la iniciativa del Gobierno indio: En su gran mayoría las violaciones a mujeres -adultas y niñas- en la India son cometidas por un familiar o un conocido de la familia y nunca son denunciadas… ¿Servirá ahí también el botón?

Felizmente la tecla del pánico se acompaña de otras medidas de carácter estratégico. Así, se iniciará un programa de inclusión de un 33% de mujeres en la policía y se abrirán 130 centros para atender a las víctimas de violencia machista. ¿130? En fin…Ya saben ustedes la población que tiene el gigante asiático.