Sólo un soplo

La tramitación en el Congreso de la modificación de los permisos de maternidad y paternidad, así como la regulación de la eutanasia, supone una normalización de la vida ciudadana acorde con el siglo XXI. No es de recibo que sean las mujeres las que carguen con la responsabilidad en exclusiva del cuidado de los hijos y paguen por ello con menores salarios, peores carreras profesionales y peores pensiones.

Cuando se disparan las alarmas por el bajo índice de natalidad de nuestro país, a muy pocos se les ocurre pensar en el precio desproporcionado e injusto que las mujeres pagan por la reproducción. Por lo tanto, bienvenida sea esta reasignación de responsabilidades en un tema que atañe a toda la sociedad. Lo que no puede quedarse es en un simple enunciado, en un soplo de aire fresco atrapado en el fárrago parlamentario de enmiendas, vetos y bloqueos.
Porque las iniciativas anunciadas y fallidas suponen una frustración que se paga caro en las encuestas. De momento, conviene saber que es difícil que este proyecto de ley se vea publicado en el BOE antes de que acabe esta corta prórroga de la legislatura.

Lo mismo podría decirse con la regulación de la eutanasia. No se hagan ilusiones, no estará vigente antes de 2020. Y, mientras tanto, una vez que el PP se recupere del trance de elegir el sucesor de Rajoy (al tiempo que han descubierto su magra masa de militancia), asistiremos a toda clase de demagogias y sentencias morales sobre el derecho a la vida. Como si no fuera el enfermo terminal el único propietario de su derecho a morir cuando libremente decida o cuando la vida no le merezca la pena. Hay que preservar la vida, sí. Pero también hay que poder morir con dignidad.

Posiblemente, Pedro Sánchez y sus asesores hayan calculado que los proyectos que lleguen a la cita electoral sin resolver serán un acicate para que los españoles les den la oportunidad de terminarlos. Pero puede ocurrir también lo contrario: el desencanto por las ilusiones fallidas.
Algo tendrán que dejar resuelto para obtener la credibilidad social. Si se dice que se va a sacar a Franco del Valle de los Caídos, hágase. Si se van a equiparar los salarios, hágase. Si se van a quitar las medallas al infame torturador, hágase. O, al menos, ponga plazos a cada oferta de cambio.

La propuesta de diálogo a Quim Torra, pese a su pertinaz empeño en no abandonar la vía unilateral, es una estrategia inteligente para demostrar que desde el Estado se tendieron todos los puentes, anulando así la excusa victimista de que Madrid se niega al diálogo. Pero debería tener más cuidado Pablo Iglesias con sus entusiasmos con la autodeterminación, porque gran parte de la pérdida de sus votos se debió a su juego con dos barajas con los independentistas.
Aunque, bien pensado, a lo mejor Pedro Sánchez le está dejando quemarse, otra vez, con el desafío del "procès".