Opinión

Pulso por partida doble

Parece que el independentismo catalán se siente cómodo en el bucle del pulso al Estado. De lo contrario, de ninguna manera se hubiera celebrado el pleno de ayer, con un candidato que hoy viernes puede acabar en la cárcel. Si no estuvieran a gusto con el pulso otra hubiera sido la solución, pero en este microclima que ellos mismos han creado han encontrado el rearme de su propio discurso dirigido a muchos kilómetros de distancia por Carles Puigdemont, estratega último del despropósito político que se vive en Cataluña.

El president del Parlament, colaborador indispensable en este camino a ninguna parte, bien hubiera podido jugar un papel racionalizador de la situación. Los independentistas tienen mayoría de escaños. Hubiera bastado una pizca de sentido común para que uno de ellos a estas horas ya presidiera la Generalitat. Pero no.

Se ha plegado a Puigdemont y a su supuesta épica para que el resultado final sea más que patético y para muchos de ellos, incluso doloroso. ¿Se puede hacer más daño en menos tiempo?

El pleno de ayer fue un pulso más, no ya al Estado, sino a la lógica política. Pero este pulso, amparado por Torrent, se encontró con otro pulso. Con el pulso de cuatro diputados que son, en definitiva, quienes mandan en Cataluña. Nunca con menos representación se pudo más. En su momento se llevaron por delante a Mas convirtiendo a Puigdemont en presidente por accidente y ayer se pusieron bravos y dijeron que no a Turull.

Todos los demás independentistas nada podrán hacer sin el visto bueno de ¡¡cuatro, solo cuatro!! diputados. Son paradojas de la democracia. Ocurre a veces que los que menos tienen son los que más mandan y no digo que no sea democrático. Digo que habría que repensar si esto es lógico.

Mirando a los cuatro diputados de la CUP, inevitable es mirar a los 36 de Ciudadanos. El grupo ganador de las elecciones y el más nutrido del Parlament. Cabe preguntarse si ese triunfo no ha corrido el riesgo de perderse en la memoria colectiva ya que son muchos los ciudadanos catalanes que sienten que la alegría del 21 de diciembre ha sido un pequeño sueño sin consecuencias palpables.

Es verdad que Inés Arrimadas en ningún caso hubiera sumado para presidir la Generalitat, pero tampoco sumaba cuando pretendió una moción de censura en el Parlament. Es posible también que aun cuando hubiera propuesto formalmente su candidatura, el president del Parlament no le hubiera dado el visto bueno, pero no hubiera estado mal dejarlo en evidencia, haber dejado claro, aun a costa de un cierto desgaste, que cuando se gana, se gana para algo; al menos para hacerse notar.

Lo cierto es que han metido más ruido los cuatro de la CUP que los 36 de Ciudadanos. No basta con poner en evidencia las ocurrencias, los pulsos y los retos del independentismo. Cuando se gana, sobre todo en Cataluña, no se puede dejar pasar un solo día sin recordarlo, sin que se sienta, sin que aquellos que han votado se sientan reconfortados y retomada su voz. Nada de esto ha ocurrido y así seguimos, en el triste día de la marmota del independentismo catalán.

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