La Plaza de Abastos, a vueltas y la Alameda, a paseo

La Plaza de Abastos, a vueltas y la Alameda, a paseo

Y si no median más contratiempos  la Plaza de Abastos número 1 de Ourense será al fin reformada. Décadas después de que lo intentase Manuel Veiga Pombo y los alcaldes que los sucedieron, y a dos años vista, en el mercado de As Burgas no debería haber promesas sino obras. Y no se trata de un asunto menor.

Aunque sobran fechas incumplidas para la descreencia y el riesgo, que siempre está vivo, tratándose de asuntos que se enmarañan en la política y la burocracia, esta vez la inversión está activada y los políticos representados en el Concello, ya sean gobierno u oposición, tienen la obligación ineluctable de garantizar que la obra avance. La ciudad de Ourense no puede permitirse que este proyecto naufrague por enésima vez; el coste sería demasiado alto y el fracaso, a ojos de los ciudadanos, quedaría anotado en el debe de todos cuantos hoy están en la Corporación. 

La reforma en curso será costeada con la aportación de 3,6 millones de Fomento a cargo del 1,5% cultural y 1,9 millones que saldrán de las arcas municipales. Las obras en la Alameda, donde se ubicarán provisionalmente los puestos, ya han comenzado para levantar una estructura metálica que ocupará 1.700 metros cuadrados que estará lista en noviembre, antes de que comience la estratégica campaña de Navidad del comercio, y alojará el mercado durante los 22 meses que se necesitarán para devolver la frescura al edificio.  

Cabe suponer que los placeros estarán contentos, porque lo cierto es que les sobran los motivos para estarlo. Todo el peso económico de la reforma, del traslado y de los puestos provisionales recae sobre las arcas públicas, a la postre sobre todos los ciudadanos. Los privilegiados “desplazados” se han permitido -en realidad se lo han permitido los políticos- elegir el emplazamiento transitorio. Y menos mal que no se empeñaron en su momento en trasladarse al Paseo para aprovechar el constante trasiego de potenciales clientes, porque tal vez hoy tendríamos la milla de oro cortada al paso.

No se sabe quién habrá hecho los cálculos ni cuáles son las expectativas, pero queda por demostrar que la ocupación de la Alameda para el mercado vaya a aportar al negocio un euro de más que si la ubicación provisional estuviese unos metros más abajo, a orillas del Barbaña, donde no molestaría a nadie. Lo que sí está demostrado a estas alturas es que la mayoría de los ciudadanos han perdido, al menos, momentaneamente. 

La remodelación de la Plaza de Abastos está al fin en marcha, pero su desarrollo suma un nuevo error que pagará una ciudadanía privada durante dos años de un lugar céntrico y emblemático de Ourense, donde personas de avanzada edad acostumbraban a pasar las horas y los niños tenían en plena ciudad un parque para corretear a sus anchas.

De momento, mayores y pequeños llevan ya más de un mes sin su lugar de recreo debido a las obras de acondicionamiento de lo que será la plaza de abastos provisional. Tendrán que esperar al menos otros 22 meses para recuperar un lugar que, por otra parte, nunca ha recibido el trato, el cuidado y la actualización que merece por su historia y por su situación, en el corazón de la ciudad. Una vez liberada del mercado, habrá que demandar que la Alameda sea objetivo prioritario en los planes de actuación e inversión municipales.

Cuesta comprender, tras décadas a vueltas con la reforma, la incapacidad para encontrar una solución sin trastornos y una ubicación para los placeros menos invasiva para el interés general. Ahora ya es tarde para rectificar, pero esto tendrá que servir de ejemplo para próximas intervenciones en la ciudad. Cometido el error, sólo queda exigir que se prolongue el menor tiempo posible. El mínimo imprescindible.
 No se admite ninguna dilación. No valen excusas. Ni económicas ni políticas ni burocráticas. No se aceptan argumentos ni acciones que conduzcan a otro camino que no sea el de la aceleración de la obras.

La vigilancia ha de ser máxima, y sin duda lo será por parte de la ciudadanía, para que los plazos se acorten o cuando menos se cumplan estrictamente. Los placeros saldrán ganando y el resto de los ciudadanos minimizarán la pérdida que ya están sufriendo. Ourense lleva ya demasiado tiempo esperando por algo que otras ciudades han resuelto ya hace años. Lo dicho, no se admite ni un solo día de retraso.