Periodistas humanos o "bots"

Periodistas humanos o "bots"

Dicen que la inteligencia artificial se ha incorporado ya a las redacciones de los principales medios de comunicación del mundo para elaborar informaciones basadas en datos, mientras los periodistas "humanos" se dedican a hacer análisis. Al parecer Google Brain está entrenando a estos bots -programas informáticos autónomos capaces de realizar tareas concretas e imitar el comportamiento humano- para mejorar las entradas de la Wikipedia. Los bots identifican información relevante sobre un asunto de una docena de webs relacionadas con el mismo, los algoritmos organizan la información a través de un "modelo abstracto neuronal" y eso da lugar al artículo. Incluso acorta la oraciones largas para resumir el texto y que nadie tenga que dedicar demasiado tiempo a la lectura.

¿Ese es el futuro del periodismo? Confieso que no lo sé y que en el marasmo de informaciones que pueblan la red es casi imposible separar la información fiable de las noticias falsas, de los bulos estúpidos y de los "periodistas" aficionados que habitan en la inmediatez más radical y, lo que es peor, en la posverdad o directamente en la mentira. Seguimos necesitando buenos profesionales, buenos medios, periodistas fiables con capacidad de análisis y de crítica. También de autocrítica. Pero va a ser difícil sostener esta industria porque cada vez se leen menos periódicos, el periodismo se instala en la precariedad, los medios digitales fiables son escasos, la red acoge sin distinción a advenedizos y a profesionales de la desinformación y así es muy difícil ser ni poder ni contrapoder. Dice el filósofo Javier Gomá que "el periodismo como contrapoder corre paralelo al poder judicial. Hay acciones o conductas que, pese a ser legales o lícitas, merecen un reproche social, y hay medios no jurídicos de reaccionar: uno de ellos es el derecho de la sociedad a escandalizarse, y ahí actúa el periodismo".

Lo digo por algunas actuaciones "profesionales" en la cobertura informativa del caso del pequeño Gabriel que deberían avergonzarnos a los periodistas. No todas. Hay muchas magníficas, rigurosas, respetuosas con los que sufren tragedias como ésta. Pero otros se aprovechan de la situación, la utilizan para el espectáculo, tratan de manipular a las víctimas, se aprovechan del dolor ajeno. Captar audiencia y actuar a la velocidad que marca la actual sociedad de la información no justifica -lo ha dicho la Federación de Asociaciones de la Prensa de España- que los periodistas nos apeemos del respeto a la verdad y a la dignidad de los afectados.

"El sensacionalismo, el morbo o la difusión de imágenes que nada aportan a la información pueden ocasionar pérdida de credibilidad, que constituye el valor que aporta el periodismo a la sociedad", dice con razón la FAPE, cuyo Código Seontológico acaba de cumplir veinticinco años. Como decía Javier Gomá en la celebración de ese aniversario, los periodistas, además de ser buenos profesionales, deben ser rectos, cabales, honestos y dignos, y moverse siempre dentro de cuatro grandes principios: "el respeto a la verdad, el derecho a la libertad de expresión (en permanente lucha con el respeto a la intimidad y la propia imagen) la presunción de inocencia y la defensa de los más débiles". Eso es lo que diferenciará siempre a los bots de los buenos periodistas "humanos".