Saber retirarse a tiempo

Saber retirarse a tiempo

Cuando me enteré del repentino fallecimiento (jugando a las cartas con los amigos) de Luis Cid “Carriega” se agolparon muchos recuerdos y uno fundamental que me da pie para estas líneas. Era un hombre totalmente dedicado al fútbol, con una sencillez y humildad inigualable. El gallego que, junto con Arsenio, más partidos dirigió en 1ª División (397). Supero incluso al de Arteixo (363), recorrió toda España ya como jugador, comenzando a ser el sustituto de Herrerita en Oviedo y entrenando al Betis, Celta, Sevilla y Atlético de Madrid entre otros, pero sobre todo al Zaragoza, lugar de sus más logrados éxitos. Ya se ha hablado aquí de este mítico personaje del deporte, amante empedernido de la hermosa “Ziralla”. Acabó su carrera como entrenador en Ourense en 2ª B y de su “escuela” salieron grandes jugadores como Quini.

Pues bien, viene ahora a mi memoria una relajada conversación que tuve con él hace años en su villa incomparable. Hablábamos de un jugador a quien su entrenador había sentado en el banquillo y había prescindido de él para la titularidad de un gran equipo español. Me decía Carriega que esas decisiones son para un entrenador dolorosas y un calvario, porque algunos piensan que van a durar siempre con sus mejores facultades físicas. Me comentaba que a él le había pasado varias veces y que en una de ellas, ya harto de tratar de convencer al futbolista, le dijo: “Mire usted: si por mi fuese pondría en la alineación a su padre, su abuelo, y tíos jubilados… pero el tiempo pasa y es necesario caer en la cuenta de que saber irse a tiempo es una virtud”. Totalmente de acuerdo, y acaso podemos trasladar la filosofía de esta conversación a todos los ámbitos de la vida. Porque hay personas que se creen eternamente imprescindibles y desconocen que el tiempo pasa para todos y hace falta siempre savia nueva.

Llegar, lo que se dice llegar, sabe todo el mundo, y sentarse en la poltrona o vestir una determinada camiseta a todos les da gusto. Pero creen que eso va a ser para siempre, también en la política, en las empresas, en el fútbol y en todas partes. Los inteligentes y humildes son capaces de dar un paso a un lado y dejar pasar a tantos con méritos, garra, cualidades y juventud. Bien creo que, por ejemplo en la clase política, muchas formaciones se vienen abajo precisamente por eso. En primer lugar porque el carisma de grandes personajes les impide que crezca nada a su alrededor y esto empobrece grandemente. Además es muy triste que haya casos a los que hay que recordarles una y mil veces que la puerta está abierta para salir. Antaño usted fue muy bueno y de su inteligencia nos hemos beneficiado todos, pero ahora el devenir del tiempo ordena la renovación necesaria.

Recuerdo también, a propósito, un profesor que conocí y que se negaba en redondo a dar el 10 a sus alumnos. Se lo dije y me respondió ufano: “El 10 es para mi”. ¡Vaya por Dios!, le respondí; yo me siento orgulloso cuando tengo alumnos muchísimo más inteligentes que yo y que merecen una calificación superior a la mía. Porque entiendo que es un orgullo para un profesor que un alumno triunfe y llegue más lejos que el maestro. Un orgullo y honor y se aprende muchísimo de los alumnos

Tenía razón Carriega: “Hay que saber retirarse a tiempo”. Él, en su estancia en Zaragoza, todos los viernes llevaba una vela al Pilar. Sin duda Ella y su querido San Benito de Allariz habrán premiado su bonhomía anotando en el marcador del más allá los goles que marcó en la tierra. Carriega supo retirarse oportunamente a su Allariz natal. Descansará en paz por el deber cumplido.