¿Ceremonia o parodia?

¿Ceremonia o parodia?

En lenguaje protocolario, una ceremonia es una expresión plástica que testimonia públicamente un acto, generalmente revestido de cierta solemnidad, en función ésta de las características del mismo. Cualquier ceremonia tiene una cuidada puesta en escena, ritualizada y acorde con unas ordenadas pautas. Su propósito final no es otro que proyectar una óptima imagen del acto que representa. Por ejemplo, la pasada entrega de los premios “Princesa de Asturias”.

Pero hay otras veces en donde se “inventan” ceremonias “ad hoc” para resaltar determinados eventos. En este caso concreto, no nos estamos refiriendo a una ceremonia entendida ésta como tal manifestación protocolaria, sino, más bien, se convierten en una seudoceremonia con más tintes de parodia que de otra cosa.

Un ejemplo claro lo hemos tenido recientemente con ocasión de la firma del documento de Declaración de Independencia de Cataluña, que fue rubricado por parte de aquellos parlamentarios de esa Comunidad que son -o eran en aquel momento- favorables a dicha República (o autodeterminación) y que dejaron constancia de que lo hicieron como "legítimos representantes de Catalunya". Como escenario se eligió uno de los salones del Parlament catalán. Eso sí, los promotores habían dejado claro que era una “firma simbólica”. O lo que es lo mismo, montaron una ceremonia quijotesca por una “declaración de intenciones” o de buena voluntad y que a la postre consiguieron lo que pretendían: visibilizar la escenificación.

Decíamos ceremonia quijotesca porque Cervantes, en su inmortal obra, dejó escrito en el capítulo XLV de la segunda parte: “Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a recibirle; tocaron las campanas, y todos los vecinos dieron muestras de general alegría, y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar las gracias a Dios y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria”.

En este caso, Cervantes usa la ceremonia para manifestar la ridiculez se la escena con tan estrambóticos personajes. Pero a veces la vida real tiene mucho de quijotesca, sobre todo dentro del ámbito político.