Sentencias ejemplares

Sentencias ejemplares

Hoy queremos fijarnos en dos sentencias dictadas por sendos jueces y relacionadas con jóvenes. Se trata, obviamente, de sentencias ejemplares y ejemplarizantes. Por un lado, está la emitida por una magistrada del Juzgado de Menores número 1 de Las Palmas por la cual 19 menores que en los últimos meses han sido objeto de condena redimirán su culpa caminando 45 kilómetros de un tramo del Camino de Santiago canario, ruta que compartirán junto a otra veintena de niños acogidos a la protección de los distintos servicios sociales.

Es una iniciativa solidaria y terapéutica promovida por UP2U, un proyecto de la magistrada en cuestión para la reinserción para menores. Muchos de ellos lo hacen acompañados por sus padres “para restablecer relaciones y restaurar los ámbitos afectivos dañados”. La mayoría de sus delitos, considerados leves, están relacionados con la violencia doméstica, siendo el más frecuente, amenazar a sus progenitores. La magistrada manifiesta su profunda preocupación ante la proliferación de casos de menores que cometen delitos de agresión verbal o física hacia sus padres.

Por su parte, el juez Calatayud ha condenado a aprender a leer y escribir a dos adolescentes de 16 y 17 años después de que robasen cinco gallos y un jilguero de un pueblo de Granada. El magistrado, que estaba intrigado por las razones que llevaron a los adolescentes a llevarse estos animales, habló con ellos y se percató de su bajo nivel de educación, y les hizo leer el artículo 155 del Código Civil: «Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. Los hijos deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella». Ninguno de los dos jóvenes comprendían lo que estaban leyendo y por ello el juez les ha “condenado” a leer y a escribir.

Está claro que sendos dictámenes resultan tremendamente ejemplares, pues ambos buscan una eficaz rehabilitación por parte de los jóvenes condenados y con el propósito de que se beneficien de sus resultados. En cualquier caso, una vez más, se pone de manifiesto la necesidad de una educación que tiene que darse en el seno familiar para evitar que los jóvenes vayan por sendas nada recomendables.