El que prepara el terreno

El que prepara el terreno

Muchos comentaristas políticos e incluso no pocos militantes y simpatizantes del PP atribuyen a Pablo Casado un papel de personaje puente en la trayectoria del veterano partido que desempeñe la función de suturar el roto ocasionado por el último periodo en la presidencia de Mariano Rajoy antes de trasladar a los populares el próximo y no fácil futuro. Algunos incluso van mucho más adelante en sus predicciones y consideran a Casado una especie de cortador de caña machete en mano que prepare los terrenos para el siguiente periodo, el del advenimiento de Alberto Núñez Feijoo que llegará desde Galicia para hacerse cargo de todo, una vez que su antecesor ha asumido y restañado la parte más fea del proceso.

Yo también lo creo mira por dónde, aunque sospecho que la llegada del político gallego al primer plano de la política nacional no se va a producir gracias a un procedimiento inmediato sino que necesita tiempo y las bondades de un escenario mucho más favorable para el que llega, no solo fuera sino dentro de su propio partido.

Pablo Casado está luchando desde que consiguió su victoria electoral contra sí mismo. Contra su propia imagen y contra esa estrategia desarrollada desde los bancos de sus rivales políticos en la izquierda que se encargaron muy acertadamente de presentarlo como un derechón irredento capaz de fomentar un retroceso en el Partido Popular que le hiciera retroceder a las cavernas. Casado, vencedor de la opción supuestamente más progresista que encarnaba Soraya Sainz de Santamaría, ha impuesto su programa como era natural, ha prescindido de los que se alinearon en el bando rival, y se ha puesto a gobernar una formación que todavía no ha despertado del shock y que sigue preguntándose cómo es posible que su anterior número uno se encerrara en el comedor privado de un restaurante madrileño y se inhibiera por completo mientras en el Congreso de los Diputados se ventilaba el futuro propio y el de los suyos.

La batalla de Casado es hoy la de dinamitar los presupuestos cuyo esbozo han pactado Sánchez e Iglesias y lleva unas horas paseando por los centros neurálgicos de la Unión Europa tratando de demostrar que no solo son disparatados sino ilegales. Casado va a tener que lidiar muchas batallas. Hasta la final.