Jueces y partes

Unos días después de que el público general conociera las jocosas sobremesas que la ministra de Justicia en compañía de Baltasar Garzón su protector, compartía con el entonces comisario Villarejo y otros invitados de parecida ralea en el restaurante Rianxo de Madrid, un juez era cautelarmente apartado de sus funciones por una circunstancia parecida. El juez Javier Martínez Derqui  y otros integrantes de su ámbito de trabajo mantenían una conversación al término de una sesión de su tribunal dedicándole comentarios ofensivos a la modelo María José San Juan, sometida al parecer a malos tratos por su pareja, uno de los miembros de la poderosa familia Reyzabal. El magistrado dejó libre al acusado con el que la modelo ha tenido al parecer tres hijos y al que ella acusa de haberla maltratado. A la espera de juicio y tras finalizar el primer careo entre denunciante y denunciado, Martínez Derqui se despachó a gusto ya en la soledad de su juzgado. Llamó a la ex modelo “bicho” e “hija de puta”, y dio por sentado que ella acudiría a “Sálvame” a ponerlo de vuelta y media, ante la complacencia de los presentes, sin percatarse de que video y el audio seguía grabando el diálogo una vez finalizada la vista. Alguien envió la cinta a la cadena SER y al juez se le ha caído el pelo aunque en realidad no lo tenga. Es una forma de expresar que es razonable que así sea…

Lo que no es razonable es la diferencia de tratamiento entre el caso del magistrado Martínez Derqui y la ministra de Justicia, ambos registrados en grabaciones no deseadas, ambos manifestándose en clave de imprudencia manifiesta, ambos sorprendidos en su intimidad. Por tanto, si se sanciona al magistrado por su comportamiento y se castigan sus opiniones registradas de manera subrepticia, hay que castigar también a Dolores Delgado y sus calamitosas afirmaciones. Delgado calificó de “maricón” a quien hoy es un compañero de gabinete, conoció sin denunciarlos la comisión de varios delitos, y se defendió intentando culpabilizar de sus propios comportamientos a una estrategia ideada por sus enemigos políticos. En ambos casos, el ámbito es privado. Pero en ambos casos, las opiniones son culpables. 

Delgado no puede seguir siendo ministra aunque se empeñe en no dimitir. Hay que ser consecuentes y que cada palo aguante su vela.