Eficiencia y gestión pública-privada

Eficiencia y gestión pública-privada

Días pasados, en el Foro La Región, donde el ponente Francisco Caamaño disertó sobre la “Colaboración pública-privada” en la gestión de los servicios públicos, me dejó una grata impresión la claridad y contundencia expositiva del tema por el exministro. De hecho, el titular de La Región al día siguiente fue: “El ciudadano busca servicios eficientes, no que la gestión sea pública o privada”, destacando los beneficios de la colaboración pública-privada en los servicios, pues es una suma inteligente.

A la vista de su coincidente opinión con la mía al respecto del tema, le formulé una pregunta sobre esta colaboración, al ser Caamaño además experto en Derecho y exministro socialista: ¿Por qué, entonces, la demonización a la hora de gestionar la construcción de infraestructuras sanitarias bajo esta fórmula, ya se trate de hospitales o centros de salud? Una pregunta similar que, a continuación, hizo el director de Atlántico Diario, refiriéndose al Álvaro Cunqueiro de Vigo. Las respuestas también fueron coincidentes, en el sentido de que sí, es buena esta colaboración siempre que el proyecto sea viable… pero depende del equilibrio, ya que en la sanidad hay ámbitos delicados, apelando a la sensibilidad de los datos que se manejan, apostilló Caamaño.

La pregunta que formulé no estaba exenta de precedentes en el Parlamento de Galicia, cuando en la presentación del anteproyecto de los Presupuestos del año 2010 -la crisis estaba encima- saltaron todas las alarmas en los grupos políticos de la oposición –socialistas y BNG- ya que para la construcción del nuevo Hospital de Vigo, hoy Álvaro Cunqueiro, se contemplaba esta colaboración público-privada. O sea, una inversión pública en la que el dinero se adelanta por un inversor privado y la Administración aplaza el pago a ejercicios siguientes. Y, concretamente, el Hospital Cunqueiro, su obra, fue realizada bajo esa fórmula colaborativa, pero a la que acompaña hasta estos días la crítica “despectiva” de que se trata de una inversión privada e incluso se llega a tachar, hoy en día, de que se trata de una privatización de la sanidad; omitiendo que el intento durante los años previos al 2010 para sacarlo adelante fue solamente presentaciones en público de moquetas varias. Una vez más fue necesario confrontar ideas para que entraran en razón los demonizadores de la colaboración pública-privada, al hacerles ver que en sanidad es la prestación de servicios con su correspondiente financiación pública el criterio que otorga carácter público, y no quién adelante el dinero para la construcción del edificio. El paciente, cuando entra por la puerta del hospital solo piensa en recibir el mejor tratamiento y atención, sin reparar en el tipo de colaboración que permitió la edificación hospitalaria; que viene a coincidir precisamente con lo expuesto por el ex ministro Caamaño en el Foro, pues, como acertadamente argumentó, el ciudadano no busca la gestión, sino calidad y eficiencia en los servicios que recibe.

Pero además, paradójicamente, cuando la oposición ponía el grito en el cielo al hacer público la modalidad pública-privada para el nuevo Hospital de Vigo en 2010, el Ministerio de Fomento coincidía en el tiempo anunciando la financiación bajo la misma fórmula mixta de las autovías. ¡Es más!, el Consejo de Ministros aprobaba el proyecto de Ley de Captación de Financiación en los Mercados Concesionales de Obras Públicas, en la busca de fomentar la participación de la financiación privada en la construcción de infraestructuras. Lo expuesto nos lleva a sospechar que no se piensa y expresa igual cuando se gobierna a cuando se hace oposición. Por ello estoy también de acuerdo con una de las últimas razones que dichas por el ex ministro: hay que huir de frivolidades, refiriéndose a las remunicipalizaciones. 

No creo equivocarme si digo que continúa existiendo demasiada frivolización con la forma de gestión de los servicios municipales, por no decir populismo y cantos de sirena, cuando se reivindican las remunicipalizaciones, la mayoría de las veces por quienes están en la oposición. Por ello es conveniente haber ostentado la responsabilidad de gobernar para darse cuenta que una cosa es gobernar y otra repartir trigo. Pero, mientras esto sucede, siempre se siembra confusión y se mantiene el debate, antes como ahora.