Casado y la cara

Pablo Casado lleva invertidas más horas justificando el máster que las que empleó en conseguirlo. No es opinión, ya que el propio líder del PP nacional reconoció que le bastó con entregar unos trabajos que a la Universidad Rey Juan Carlos "no le constan" para colgar el título en el currículum tras superar así los 20 créditos que no le fueron convalidados. Los exámenes y la asistencia a clase ya no se llevan si eres una promesa política. 

Pablo Casado está en un brete en el supuesto de que el Tribunal Supremo decida atender la petición de investigarlo que ha trasladado la jueza que instruye el caso por su condición de aforado. Los que respaldaron su candidatura para suceder a Mariano Rajoy en la presidencia del PP, cuando ya se sabía la complicación judicial, ahora les toca dar la cara aunque se encuentren en Madrid para discutir sobre la liquidación del IVA. Le sucedió ayer al presidente Feijóo. Consiguió el compromiso de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para encontrar una solución a la liquidación  que dejaría a Galicia con 198 millones menos el año que viene por un cambio normativo aprobado por Montoro, pero no pudo evitar la pregunta sobre el futuro de Casado si el Supremo decide examinar la consecución de su máster. El presidente de la Xunta reconoció una segunda llamada al líder de su partido para interesarse por el asunto y éste le transmitió "absoluta tranquilidad. Si el señor Casado está tranquilo, yo también". Feijóo tiró de retranca para pedir a la prensa que no trate "con el mismo rigor" a todos los que han inflado el expediente académico. Pero en el hecho que nos ocupa el riesgo mayor es el judicial y no la pena mediática. 

Comentaba ayer una militante del BNG que este tipo de situaciones a la base electoral del PP no le afecta y se apostó un café a que Pablo Casado aguantará al menos hasta las generales con un discurso que convierte a Mariano Rajoy en moderno. Y aunque esta creencia es recurrente, también se presupone que no sólo hay vida obediente entre la militancia del PP.  Los responsables territoriales pueden poner la cara unas cuantas veces por el jefe recién llegado, pero en un año electoral con municipales y autonómicas en una gran parte del Estado, nadie quiere que se la partan y menos por un máster del que no presume.