La calma y la memez

La calma y la memez

Sábado, 15,15 horas. Llaman para advertir de que la comida ya está hecha, los invitados se han sentado a la mesa y sólo faltas tú y el pan. Por el tono es fácil deducir que la impaciencia obedece más a la ausencia del pan que a la del recadero, pero tampoco era cuestión de dejar con la palabra en la boca a la fuente que le has pedido tomar un café para conocer su opinión sobre los latidos de Galicia. 

Entras disparado en una gran cadena de supermercados, te agarras a la primera barra que ves sin comprobar si ha sido elaborado con masa madre o con la madre de las masas, pero pasa por pan. En la cola sólo hay dos personas delante con poca compra y devuelves la llamada para tranquilizar al personal. Que se vayan anudando la servilleta. Pero la cajera se acaba de liar con un cupón de descuento. La clienta dice, con razón, que hasta que le aplique las condiciones que reza el folleto de promoción de allí no se mueve. La dependienta solicita por megafonía la presencia de una compañera para que le ayude con el problema. Llega la compañera sin prisa, aplica el descuento, pero la cuenta no le cuadra a la clienta. Avisan a otra empleada, que se acerca con paso de siesta. La cola crece mientras las tres cajeras se turnan en el intento de acertar con el descuento. El teléfono vuelve a sonar. Han pasado diez minutos y no hay noticias del pan. Intentas explicar el problema, pero te contestan, también con razón, que te dejes de disculpas. Y entonces decides sugerir a las empleadas que ya que están tres con la misma faena, abran otra caja para despachar al resto de clientes. Responden con careto de mala leche a la recomendación, pero ante la insistencia, avisan por megafonía a otra empleada para que proceda. 

"Pasen según el orden de la cola". Santas palabras. Y cuando te giras a toda leche para no andar a la gresca por el turno, una tipa con cara de 'compiyogui'  te suelta: "¿Por qué no te tomas la vida con más calma?". Es la prueba irrefutable de que la memez puede ser infinita, de que los libros y los reportajes de autoayuda también pueden hacer mucho daño y de que hay personas que se buscan malas contestaciones por meterse en lo que no les compete. Pero hoy ha tenido suerte. "Usted ya ha comido, ¿verdad?" Hay quien busca la calma en una gran cadena de supermercados.