Odiar el frío y morir de calor

Odiar el frío y morir de calor

La sensación térmica es personal e intransferible, aunque con frío o calor, el tiempo siempre ayuda a enhebrar una conversación en el lugar más insospechado. Calor es la palabra que más se repite estos días con razón. El municipio pontevedrés de Arbo registró la temperatura más alta del día de ayer con los 43,5 grados que marcó el termómetro y la capital de Ourense registró la segunda marca con 42,7. La ola tórrida incluso ha hecho que se suspendiesen las visitas al Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago por motivos de conservación debido a las variaciones climáticas. 

En la radio que se escucha a través del hilo musical de la peluquería dan la noticia de que en Murcia han muerto dos personas a causa de un golpe de calor. La chica que se encarga de recibir a la clientela comenta que ella sólo teme al frío, como su abuelo. Es de la zona de Silleda y pasó tanto cuando le tocó hacer la mili en Jaca que nunca más ha querido salir de su aldea porque "el clima de Galicia es más llevadero". La clientela se enreda en la conversación. Una señora comenta que nunca sintió tanto calor como durante un viaje en el que pasaron la noche en Salamanca. Otro señor añade que a él le sucedió exactamente lo mismo en la capital charra, en donde estuvo al borde del colapso pero por el frío. Hay consenso en que visitando Ourense en verano estás vacunado para viajar a cualquier lugar de los que habitualmente aparecen en color sangre en el mapa del tiempo.

Ayer Galicia fue una parrilla. Las estaciones de Meteogalicia registraron valores de ozono por encima del límite establecido, por lo que se recomendó a los grupos más sensibles –niños, ancianos, madres gestantes y adultos que padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares– evitar la exposición prolongada al sol y las actividades al aire libre. En las zonas de Miño en Ourense y en Pontevedra se activó la alerta roja. No hay que tomarse los avisos a guasa. 

A los quince minutos de palique, la chica que siente pánico ante el frío como su abuelo y eso que no pasó un invierno en Jaca se quedó pálida al atender una llamada de teléfono. "Lo acaban de encontrar muerto en la finca". Eran las dos de la tarde.