"Vale, que os perdono"

"Vale, que os perdono"

El silencio prolongado alertó a los padres. La niña estaba en la habitación destripando el teléfono móvil que le habían regalado los abuelos con mejor intención que acierto por la edad. Los progenitores intentaron disimular el cabreo inicial. Defensores de la corriente pedagógica que antepone las explicaciones a la inapelable zapatilla, le soltaron un chorreo argumental sobre lo que cuestan las cosas y el esfuerzo para conseguirlas. "Ahora te vas a tu habitación a reflexionar sobre lo que has hecho y cuando termines vienes a pedirnos perdón". A los diez minutos la chavala regresó compungida. "Bueno, vale, que os perdono".

No entendió nada, como tampoco Cristina Cifuentes. La todavía presidenta de la Comunidad de Madrid ha tenido el papo de "renunciar" al máster de la Universidad Rey Juan Carlos por las "irregularidades administrativas totalmente ajenas a mí". Pero continúa atornillada al sillón porque cuenta con el apoyo de Mariano Rajoy y no ha hecho "nada ilegal", insiste, aunque lamenta que "en aquel momento debí rechazar las facilidades que me ofreció la Universidad".

En Galicia, por mucho que Carmen Santos, la responsable de Podemos, insista en que el incidente de la diputada Paula Quinteiro con la Policía Local de Santiago es distinto, que lo es, cada intervención contra Luís Villares, su portavoz parlamentario, regala a los populares una rendija por la que escapar de cualquier lección que le quieran dar. Juan Merlo se fue por inflar el currículum con una ingeniería. Él sí merece el perdón por la honestidad.