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La Asociación O Cimborrio, que conforman vecinos perjudicados por el ruido y las peleas del ocio nocturno, aseguran que tras la pandemia todo se ha magnificado. “Sabemos que ha aumentado la violencia física, verbal y sexual. En la Praza da Magdalena hemos visto hasta machetes. Muchas de estas peleas están relacionadas con el tráfico de drogas”, asegura uno de sus miembros, que prefiere no identificarse. De hecho, la asociación presentó hace una semana 200 quejas ante el Concello de Ourense, la Policía Nacional y la Subdelegación del Gobierno porque “en la calle Cabeza de Manzaneda hay locales donde se vende y consume droga, al lado del colegio de Carmelitas. Se está convirtiendo en un gueto”, denuncian.
“Cuanto más tiempo están abiertos los locales de ocio nocturno, las posibilidades de conflicto son mayores porque aumenta la frustración si no consigues tus objetivos”, explican desde O Cimborrio, que querían proponer al Concello, junto a los hosteleros, adelantar el cierre de locales a las tres de la madrugada, en vez de las cuatro y media. “Nos fuimos al ayuntamiento a proponerlo, pero nos dijeron que tenían un informe de la Policía Local que decía justo lo contrario: que cuanto más tiempo estén abiertos los bares, menos conflictividad hay”, explican las mismas fuentes.
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