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El manual de longevidad de los centenarios ourensanos
TRIBUNA
Desde hace unos días las letras con las que el Hotel San Martín se inaguraba hace cincuenta años, situadas en dos de sus fachadas, han sido retiradas y es de suponer que, destruidas. La decisión tuvo que ser aprobada por la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta en su última reunión, por tratarse de un edificio catalogado. El primer proyecto presentado a Patrimonio fue rechazado por éste por no cumplir determinadas condiciones, pero un segundo fue aceptado.
Patrimonio aceptó, a la segunda, el proyecto de retirada de las letras del histórico San Martín
La empresa hotelera Barceló –propietaria del hotel, que no del edificio–solicitó hace unos meses el cambio de esas letras por otras después de haber realizado también el cambio de “Hotel San Martín” por el de “Barceló Orense”. Seguramente Barceló no tenía información sobre la importancia que el Hotel San Martín tuvo para esta ciudad provinciana de los años sesenta, como dinamizador de la vida social y económica. Pero pudieron enterarse y no eliminar el nombre original de San Martín, aunque le añadieran el de la cadena. España está repleta de edificios históricos y con significado para sus vecinos, aunque hayan cambiado de uso, que conservan sus carteles y nombres con el que son identificados y forman parte de la historia local. De haberlo hecho así, nos hubieran dando un gusto a los orensanos y nos caerían muy simpáticos.
El San Martín contribuyó a modernizarnos
La puesta en marcha del Hotel San Martín hace cincuenta años, coincidió con el nacimiento del Polígono Industrial de San Ciprián y con la mayor etapa de desarrollo de la provincia. De pronto la ciudad necesitaba un recinto apropiado para recibir empresarios que empezaban a llegar, y el hotel estaba ahí. El edificio de la Torre, obra del arquitecto Ales Reilen, además de contar con el reconocimiento de los profesionales de la arquitectura, visibiliza una etapa orensana marcada por la emigración a Europa.
Reilen se ocupó del estudiado y moderno interiorismo –desgraciadamente ya destruido– y la decoración del hotel, incluidas las letras de las fachadas que fueron diseñadas por él y estampadas en la cristalería y otros objetos.
Seguramente, insisto, Barceló deconocía o no valoró el significado sentimental y local de todo esto. Pero resulta que también lo ignoran, o no lo valoran, como sucede con demasiada frecuencia, los miembros orensanos de la Comisión de Patrimonio de la Xunta, y esto ya es más grave.
La "desfeita" ya está feita. Pedir que devuelvan las letras a su sitio, parecería mucho pedir…
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