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Una cena de pan con aceite en Ourense durante la “noche del hambre” fue la primera actividad de la ONG Manos Unidas durante la campaña de sensibilización de este año. La ONG inició el curso con una nueva presidenta, Silvia María Bacaicoa, que estará al frente por propuesta del cura de la parroquia de Santo Domingo.
La asociación, que ayuda a países del sur de América, Asia y África desde Occidente, tiene quince miembros en la ciudad de As Burgas y pretende ganar donantes para solventar situaciones de hambre o discriminación a la mujer. Su ayuda no llega en forma de alimentos, sino de modos de trabajo o medios educativos para que las personas con necesidades puedan realizarse. Para llevar a cabo esta labor de sensibilización, el equipo de Manos Unidas tiene prevista una escenificación mañana en la parroquia de San Pío X a las 12,15 horas. Para conocer las realidades de los diferentes países necesitados, la organización cuenta con socios locales que les comunican las diferentes carencias: “Por ejemplo, si en una población no hay saneamiento de agua, se envía a una persona al lugar y se propone un proyecto para solventarlo. Si es viable, se actúa”, explica Bacaicoa.
Entre las carencias más habituales está el agua potable, la falta de cosecha por la sequía, los derechos de la mujer o la educación. “Hemos visto que con la pandemia muchos niños dejaron de ir a clase y no regresaron cuando mejoró la situación. Sobre todo muchas niñas”, indica la presidenta de Manos Unidas.
La violencia y el maltrato es otra circunstancia contra la que trabaja esta entidad. “El hecho de violar a una niña, en algunos países, es visto como algo natural. Incluso en el ámbito familiar”, apunta Bacaicoa. Como freno, la ONG trata de impartir “educación y ofrecer las pautas necesarias para reducir cualquier impacto negativo”, dice.
La presidenta de la ONG en Ourense defiende la colaboración con una entidad de carácter internacional porque “hay gente muriéndose de hambre”. “La desigualdad se ha convertido en la mayor amenaza a nivel mundial y provoca que millones de seres humanos vivan en la pobreza”, explica. “Además, la cuarta parte de la población tiene trabajo, pero no es suficiente para cubrir lo básico”, apunta.
Durante la cena celebrada ayer en la parroquia de San Pío X se solidarizaron, de manera simbólica, compartiendo pan y aceite, pero el verdadero objetivo fue recaudar fondos contra el hambre. Además, los 80 asistentes pudieron presenciar el testimonio de misioneros que estuvieron destinados en países del sur.
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