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"Es de cajón que ya no somos un grupo "underground"", reconoce el guitarrista Julián Saldarriaga acerca de su éxito ya largamente sostenido, durante una entrevista concedida junto al resto de la banda, un día antes de su pletórico arribo a la sala La Riviera de la capital, con capacidad para más de 2.000 personas.
Lo dicen tras recibir un disco de oro por su último álbum de estudio, "La noche eterna. Los días no vividos" (2012), un detalle "más simbólico" que otra cosa, ahora que apenas se venden copias pero se llenan muchos aforos, especialmente ellos, también en Madrid, donde siempre que vienen, se les trata "exquisitamente".
"El mejor premio es llenar una sala durante tres días como en Madrid, después de dos años de gira, con gente que repite y repite y repite", añade Saldarriaga, un estatus que, según apunta el vocalista Santi Balmes, les ha costado "mucho" alcanzar.
"A largo plazo intentaremos dosificarnos", apunta, aunque sin demasiada convicción, sobre su apretada agenda de conciertos.
Después de siete discos de estudio, los primeros en inglés, los catalanes experimentaron un auténtico auge de público a raíz de "1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna)", del año 2009, en el que empezaron a contar con Warner Music como distribuidora.
"Fuimos "underground" durante la primera mitad de nuestra carrera, pero no hemos dejado de funcionar como lo hacíamos entonces, como un grupo independiente, controlando cada fase del trabajo", sostienen, antes de subrayar que no han hecho "ninguna concesión al mainstream" y que "muchas veces" se han boicoteado a sí mismos.
A pesar de ello "hay una parte del público "indie"" que ya no los considera. "Nosotros juzgamos la música más que la etiqueta que la engloba. Cuando sientes una asfixia, también en el plano estilístico, intentas dar pasos hacia adelante", explica Balmes sobre las evoluciones de su sonido.
A la vuelta de la esquina está la siguiente: un posible vinilo del que han hablado hoy por primera vez, con tres canciones nuevas, una de ellas "una semirrumba", que acaban de grabar bajo "una luz menos atormentada" que el disco anterior y que "darán que hablar por la temática y el cruce de estilos".
"Al oyente lesbiano igual no le encaja", advierte el quinteto, que ha compuesto, por ejemplo, "una rajada sobre cómo funciona el mundo de la política", especialmente "la derecha", aunque "pilla a todo el mundo" y critica "el bipartidismo que controla este país desde hace 30 años".
Nace, explican, de su hartazgo por un excesivo número de noticias "indignantes", a destacar "el rosario de medidas" aprobado por el Gobierno de Mariano Rajoy, como la ley del aborto y, más recientemente, el anuncio de la supresión de la asignatura de Música en Educación Primaria.
"Creo que en el caso de la música hay un ánimo de revanchismo", opina Salarriaga, que cita el 21 por ciento de IVA a los espectáculos y la rebaja de este impuesto solo a las obras de arte.
Las canciones nuevas las presentarán en el SanSan Festival de Gandía (Valencia) en Semana Santa. Será un puente entre los shows estivales, mucho más "carnavalescos", y sus últimos conciertos en Madrid y Barcelona, "una especie de carpetazo a nivel interno al último disco", por lo que auguran "gran carga emocional".
Significa mucho, viniendo de un grupo que presume de "haber exportado la bipolaridad catalana a la música, entre el "seny" y la "rauxa", entre el sentido común y el desfase" y que, influido por la cultura teatral de grupos como La Fura dels Baus, no entienden de "márgenes ni de qué es un escenario y qué es público".
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