Esperando la vida

Esperando la vida

Con motivo del reciente entierro en el cementerio de Esgos,  de nuestro inolvidable amigo, Manuel Murias Romero, persona entrañable, deportista, buena gente tío, este Murias o,  cómo decía el poeta, “en el buen sentido de la palabra, bueno”,  coincidimos varios supervivientes que en otras muchas ocasiones lo habíamos hecho en muy distintos lugares. Igual nos veíamos en el Paseo, o en el Parque, como en Castro de Beiro,  París, o América.  Todo se nos hacía pequeño.
A propósito de la despedida de nuestro amigo,  escribí un obituario que por lo visto,  le gustó al menos a uno de los asistentes, mi antiguo, en todos los sentidos,  amigo y compañero de cosas,  Antonio Blanco Selas, que me dijo:  "Me gustó mucho tú". Y medio en bromas añadió: "Vete preparándome uno para mí, no por nada, sin acritud, sin depresión, firmes,  somos mayores, pero no gilipollas, y sabemos que estas cosas pasan". Pero bueno, como decía, era broma. No obstante, y agradeciendo el cumplido, más en estos tiempos en los que creo que ya  hay más escritores que  lectores y,  aprovechando la idea,  (teniendo en cuenta  que en estos asuntos no hay  fecha fija  de partida, ni turnos que valgan,  ya que no sirve ni el escalafón)  podríamos llegar al acuerdo entre nosotros,  de que el último, además de que apague la luz, escriba  un obituario en  La Región. ¿Hace?
En la misma conversación telefónica me dijo que su hija le había comunicado la notica de que iba a ser abuelo. Estaba todo ilusionado. Abuelito, dime tú. ¿Te imaginas?  ¿A dónde ibas tan deprisa con esos coches por los montes de Dios, con números en las puertas, abu? Calla, calla.  Ya ves, Antonio, visto y no visto, la película de la vida es así, como la de las plantas, ahora mismo está creciendo una cosita (ya no sé cómo llamarle, no sea,  dadas las circunstancias) en el vientre de tu hija Julia, preparándose  para tomar la salida en la carrera de los sueños. A nuestra generación la engañaron desde el principio,  con  la jodida cigüeña,  con el catecismo del padre Astete que en gloria esté, el cara al sol con la camisa nueva,  los Principios Fundamentales, las banderas victoriosas,  muriendo por la por la Patria,  y llorando por (parte) de los caídos por Dios y por España. !!Presente¡¡ !!Pucha la vaina¡¡ Demasiado.
 Pero a pesar de todo, ha merecido la pena.  La vida es tan  bonita que no es extraño que soñemos con  prolongarla eternamente en paraísos más o menos perdidos, o en exóticas reencarnaciones según las creencias y/o culturas que nos hayan tocado vivir en este mundo. Eso sí, nos hemos pasado la vida esperando, así que,  puestos a esperar, lo mejor es, como en el caso de tu futuro nieto, o nieta,  estar esperando la vida. Una nueva vida. Felicidades