ENTREVISTA

El Astérix de Ribadavia triunfa en otra batalla

Celso "Mon" Sotelo, jugador del Carnes do Ribeiro de balonmano, habla sobre el ascenso del Carnes do Ribeiro y el pasado y el futuro del equipo

El jugador del Carnes do Ribeiro "Mon" Sotelo a los pies del castillo de los Sarmiento en Ribadavia.
El jugador del Carnes do Ribeiro "Mon" Sotelo a los pies del castillo de los Sarmiento en Ribadavia.
El Astérix de Ribadavia triunfa en otra batalla

Reservó parte de sus vacaciones para la semana posterior a la fase de ascenso. Estaba seguro de que iba a haber celebración y las resacas son duras. No falló. Pero antes de las sonrisas tocó sufrir y levantarse en momentos complicados. Lo hizo él y también su equipo, el Carnes do Ribeiro, para poner a Ribadavia en categoría nacional. En una tarta donde la provincia de Pontevedra parte y reparte, los irreductibles amarillos buscarán su protagonismo. Al mando, Celso Ramón Sotelo, "Mon". No es el más alto en un juego con muchas "torres", pero se hace grande en la pista. Una vida en el balonmano y un equipo que le da la vida. 

"Mi familia siempre ha estado vinculada al club en Ribadavia. Empecé a jugar por influencia de mi hermano Juan, que jugaba, y por mi tío Pepe, que era directivo del club. Aunque de todos los primos fui el que más tarde comencé... Los últimos serán los primeros", bromea Mon. 

El amarillo es su color. Con él arrancó y con él continúa. En el medio, dos salidas hacia la zona de Vigo para vivir nuevas experiencias y seguir progresando. "Desde alevines ya pude jugar campeonatos gallegos, incluso subiendo de categoría. Y los dos últimos años de juveniles me fui al Octavio Pilotes Posada. Me llamó Pasqui (actual entrenador del Barcelona) que me conocía de un par de campus, y formamos un grupo muy bueno. Tanto que la segunda campaña jugamos la fase final del Nacional en Roquetas de Mar donde incluso empatamos con el Granollers, donde jugaban los después internacionales Canellas o Antonio García", recuerda el ribadaviense.

Después regresó a casa, por tema de estudios. Una nueva etapa que se interrumpió un año y medio para defender los colores del Carballal en Primera Nacional.


Arrimar el hombro


Siempre con un ojo puesto en sus dominios. Incluso cuando la situación económica general se cebó con el deporte modesto en particular. "En ese momento, a nivel estructura, el club estaba debilitado. Coincidió con los años de la crisis, varios patrocinadores que llevaban la voz cantante desaparecieron... Fue una situación en la que costaba hacer frente hasta al pago de los autobuses para los niños. Aguantamos ese par de años, y conseguimos recuperar, coger un poco más de aire y mejorar. Quedamos entre los tres primeros de Primera Autonómica, ganar la Copa y no jugamos la fase de ascenso nacional en ese momento porque no cumplíamos con el requisito de tener equipo juvenil. Llevamos cinco o seis años en la parte alta de la tabla y con una base de casi 100 chavales. El trabajo empieza a dar ya sus frutos".

Y esa progresión llegó a su punto álgido el domingo a las 14:30 horas. Por segundo año consecutivo, los amarillos jugaban y organizaban la fase de ascenso a Primera Nacional. Victoria el primer día, empate en el segundo y necesidad de vencer el tercero. Fue una mañana no acta para cardiacos que terminó con final feliz para el Carnes del Ribeiro y toda Ribadavia.

"Estábamos nerviosos. Cuando perdíamos 2-7 lo que tocaba era intentar mantener la calma, estar juntos y luchar hasta el final. Era difícil porque estábamos cansados de tanto esfuerzo. Pero teníamos que mantener el espíritu y remontar desde la defensa, que fue nuestra seña de identidad todo el año. En el tiempo muerto que pedimos en ese momento, fue lo que hablamos. Y pasamos del 2-7 o el 4-9 a un 12-11 antes del descanso", explica.
La factura, golpes (muchos) y un dedo dislocado. "Chapa y pintura, poco más", bromea Mon, que en breve volverá a su trabajo en Viña Costeira. 

Fue el triunfo de la villa entera. De los que llenaban O Consello y de los que ayudaron de otra forma. El Carnes do Ribeiro sigue asentando sus cimientos y la colaboración de los padres es fundamental y lo seguirá siendo. Espera la Primera Nacional. Un reto. "Ya estamos planificando. Tenemos que hablar con los jugadores para ver si siguen. Hay gente veterana, con compromisos laborales que puede aprovechar para dejarlo en alto. Quizá dos o tres no continúen. Y habrá que ocupar esas plazas con incorporaciones. Pero nos gustaría que los fichajes conocieran la idea del equipo, mantener el buen ambiente y ser casi una familia", avanza Sotelo.
Mientras, no se le borra la sonrisa de la boca. A nadie en Ribadavia, que espera ya a nuevos "conquistadores". No lo tendrán fácil para romper su resistencia.